
Que no dé lugar a engaños. Lujo no es sinónimo de abundancia, como tampoco lo es de glamour. «Primero porque a mí me gusta hablar en castellano. Además, eso del glamour se lo dejo a la señora Sarkozy (la modelo y cantante Carla Bruni)», asegura con sorna.
El presidente de honor de la compañía Loewe (absorbida por el grupo Louis Vuitton en 1996) no tiene pelos en la lengua. Es un hombre culto, directo, pesimista y «un poco demagogo», como él mismo se describe y como se mostró ayer en el primer encuentro de Jóvenes Diseñadores Asturianos celebrado en el centro comercial Espacio Buenavista de Oviedo.
Pese a ser también el presidente de la Fundación Loewe, dedicada a la promoción de jóvenes talentos, y conocer como pocos el negocio de la moda, sólo se considera un «tendero». Un mero vendedor a expensas de un cliente, en ocasiones «cruel» con el arte y el trabajo que puede haber detrás de un bolso de 1.800 euros. «El cliente coge sólo lo que le apetece y desecha con la indiferencia lo que no le llama la atención».
Al referirse a los compradores, desmonta otro tópico, el de que con una cartera de marca llena de billetes cualquiera es elegante. ¿Se puede salir de una tienda de alta gama mal vestido? «Claro que es posible, pero tienen que darse tres circunstancias: que tengas mal gusto, que venda cosas feas y que el vendedor sea un petardo».
Creatividad y unidad
Con 43 años de experiencia en Loewe, demostró ayer conocimientos suficientes para reflexionar sobre el negocio de la moda, de la proyección de las marcas nacionales en el extranjero e, incluso, de la imagen política de España. «Hasta hace poco decíamos 'Spain is different' y como forma de promoción es una gran tontería. Lo que tenemos que ser es creativos y unificarnos. No puede ser que cada comunidad autónoma quiera comunicar una imagen diferente en moda», asegura.
También dice a los creadores que están perdidos si no muestran disposición a innovar, «interpretar la realidad» y adaptarse a los tiempos. «No sólo es tener buen gusto o imaginación. Hay que tener un proyecto definido y saber diferenciarlo de la competencia». Y advierte de que la confusión con la definición de lujo y las falsificaciones no es lo único que le viene encima al mercado de la moda occidental. «Dentro de 10 o 15 años seremos nosotros los que copiemos a los asiáticos. Tienen creatividad».





