Frente a esto, se alzaba en Castilla el partido Golilla. En él ocupó un puesto clave el maestro de Jovellanos, Campomanes. Normas esenciales de él eran la unificación económica nacional y la desamortización. Cuando Jovellanos, por consejo de Olavide, se asoma a la economía con Cantillon aprenderá las ventajas de un mercado integrado, y además, como se manifiesta en el 'Informe de la Ley Agraria', respalda, de modo radical, la tarea desamortizadora, y con Adam Smith se embarca en un liberalismo económico clarísimo.
Los enemigos de todo esto, que habían preparado el motín de Esquilache y buscado incluso la muerte de Carlos III, continuaron tramando contra la nueva política económica reformista que pareció consolidarse -mercado unificado y desamortización- con los Godoy, los Cabarrús, los Jovellanos y demás ilustrados. Carlos III había frenado a Campomanes en lo que se refería a las provincias vascas, pero Godoy impulsó al canónigo Llorente en la eliminación foral. El resultado fue un foco vasco-navarro, hasta ahora, opuesto al mercado unido.
Esta actitud de Jovellanos le llevó a chocar con la Inquisición, porque grandísima parte de los eclesiásticos y de nobles muy influyentes se oponían a todo cambio. La tensión con estos sectores va a ser, como sostiene Javier Varela, la base fundamental de la destitución de Jovellanos del Ministerio de Justicia, primero, y su encarcelamiento en Bellver, después, porque Godoy, para pervivir políticamente, ante la fortaleza de los reaccionarios y su influencia en los Reyes, se convierte en su enemigo, aunque lo suavice en sus 'Memorias'. Godoy también jugó a ser 'fouché'.
Lo curioso es que ese partido reaccionario es el que está detrás del motín de Aranjuez y del golpe de Estado del Príncipe Fernando, que concluirá con la abdicación en Napoleón y que éste ceda la Corona a José I. La rectificación a Godoy era muy popular, y eso explica la paradójica liberación del 6 de abril de 1808 por los reaccionarios. Lo que sigue, y el tremendo dilema de Jadraque, es bien conocido.





