
Los de Frank Rijkaard se pusieron manos a la obra desde el pitido inicial. Si alguien quería cuestionarle no iba a ser por su falta de voluntad. A su buena actitud le faltó, como casi siempre esta temporada, pegada y regularidad. Los azulgrana dieron sensación de un control a menudo estéril y falto de profundidad ante un Getafe bien posicionado. A este Barça le pierde la escasa confianza de la mayor parte de sus jugadores y la ausencia de un Messi capaz de desmontar cualquier entramado táctico en un instante.
Pese a esas carencias, sumó varias opciones de entidad ante la meta de Abbondanzieri. Un remate de Eto'o a la madera y un par de buenas maniobras de Henry le sacaron de la monotonía. El Getafe estaba relativamente cómodo conteniendo a su rival. Además, tuvo un par de remates de Manu del Moral y Granero que provocaron la buena respuesta de Valdés. Todo transcurría según el guión previsto por Michael Laudrup, excepto la mala suerte en forma de lesiones que se cebó con Pablo Hernández y Mario. Doble infortunio para un equipo que tiene un calendario plagado de citas históricas en las copas de la UEFA y del Rey.
El Barça tampoco iba sobrado de físico. La entrada de Giovani se dejó notar. El mexicano, en su primera intervención de mérito, estrelló su zurdazo en el palo izquierdo de Abbondanzieri. No sería el último. Hubo un tercero mediada la segunda mitad en un remate de Xavi repelido de nuevo por el poste. Los tres palos evidenciaban que el Barça merecía la victoria. Abbondazieri salvó al Getafe rechazando un cabezazo a bocajarro de Gudjohnsen. Los azulgrana se dejaban la piel ante un rival que sabía sufrir. La frustración de los azulgrana se alargó hasta la grada, donde floreció la primera pañolada de la era Laporta.






