«Agua quisiera ser, luz y alma mía, / que con su transparencia te brindara; / porque tu dulce boca me gustara, / no apagara tu sed: la encendería. / Viento quisiera ser; en noche umbría, / callado hasta tu lecho penetrara, / y aspirar por tus labios me dejara / y mi vida en la tuya infundiría. / Fuego quisiera ser para abrasarte / en un volcán de amor, ¿oh estatua inerte, / sorda a las quejas de quien supo amarte! / Y después, para siempre poseerte, / tierra quisiera ser y disputarte, / celoso, a la codicia de la muerte».
Como poeta no se le dan nada bien los endecasílabos y sólo fue capaz de dedicarle a la bruja del Natahoyo un poema(o así) en versos decasílabos, donde queda patente su insatisfacción amorosa:
«Vayamos, xana, a la pomarada, / bajo el manzano do está grabada / de aqueste amor la declaración. / Son nuestros nombres bajo una flecha / que atraviesa un gran corazón. / ¿Cómo olvidarme de aquella fecha, / sístole y diástole de pasión? / Detrás de un matu. Caía fruta. / Cuerpos sudados. ¿El Kamasutra!... / Volviste al lago, cabellos de oro, / a ignota cueva, junto al cuélebre, / y allí custodias grande tesoro. / A él pregunté; respondió, célebre: / 'Monchín ingenuo, tuviste un sueñu, / te enamoraste de una utopía / inalcanzable, que no tien dueñu, / así que búscate otra tía'... / La vida es sueño, qiero soñar, / que si despierto me echo a llorar».
A estas alturas parece una obviedad aclarar que hablamos del poeta y rapsoda Monchu el Liras, al que el reputado siquiatra nipón Sukoko Taduro diagnosticó una dolencia muy común llamada mal de amores:
«Demencia temporal curable por el casamiento, o por el alejamiento del enfermo de la influencia bajo la que nació el trastorno».
Lo primero es imposible dado el rechazo visceral de la bella, mientras que la única lejanía posible sería la física puesto que Sibila jamás abandonará su corazón. Así que no es de extrañar que el infeliz Monchu declame por las esquinas estos versos cervantinos:
«Por eso juzgo y discierno / por cosa cierta y notoria / que tiene el amor su gloria / a las puertas del infierno».
Pues eso.





