
Como si de una escena de película romántica se tratase, todos levantaron su casco -cual espada en las bodas de la realeza- a la entrada de los novios. Fueron, eso sí, menos comedidos que los invitados de los príncipes herederos.
Entre silbidos y gritos de «¿Guapa!» a los que la novia contestó con la mejor de sus sonrisas «¿Ya lo sé!», los miembros de las asociaciones Moterosastures, Terracing, Malos, Patrucus y Komando Maceta recibieron a los contrayentes. Para despedirlos, antes de celebrar el banquete en el Begoña Park, dejaron que el ruido de sus aceleradores sustituyera a las tradicionales gaitas. Toda una experiencia para los asistentes.





