
Quien fuera un combatiente cenetista en el Cinturón de Hierro de Bilbao durante la Guerra Civil, empezó por ser empresario del transporte en la inmediata posguerra. Se cuenta que en una ocasión le requisaron un camión de aceite y llegada la noche pasó la mercancía a otro vehículo y llenó el inmovilizado de agua, con una fina película de aceite para despistar.
Rea también fue promotor urbanístico y a él se debe, en los años ochenta, el edificio próximo a la 'Lloca' con el bar Ricks en sus bajos. Después coquetearía con el mundo del arte y abrió una tienda de molduras y antigüedades en la calle de Santa Elena.
Entre sus aficiones, destacó sobremanera un madridismo a ultranza, que hacía valer especialmente en las visitas del equipo merengue a El Molinón, que aprovechaba para profundizar en la buena amistad que mantuvo siempre con sus presidentes, directivos y entrenadores, caso del fallecido Miguel Muñoz. Cultivó asimismo la amistad del teniente general Sáenz de Santamaría, ex director general de la Guardia Civil.
Funeral en San José
José Luis Rea Álvarez deja mujer, María Siguero, y dos hijos, María Isabel y José Luis. Ayer domingo fueron incinerados sus restos mortales en el tanatorio de Cabueñes y hoy, a la una de la tarde, se celebrará el funeral por su eterno descanso en la iglesia parroquial de San José.





