
Para ellos, la posibilidad de no llegar a un acuerdo ni siquiera es una opción. El suelo está ahora ocupado por la acera, la carretera que da salida al tráfico de Magnus Blikstad y parte de un jardín. Por eso, los vecinos consideran que todos los esfuerzos de los responsables deben dirigirse a «indemnizar económicamente a sus propietarios para que no tenga que variar el uso de la calle. Eso está claro que no puede cambiar».
Y es en este punto donde la polémica en cuestión empieza a tocarles de cerca. Saben que la familia no pretende dar otra utilidad a la parcela más que la actual, pero si el acuerdo económico no llega los dueños adoptarán medidas de presión. La más inmediata es acogerse a la escritura para disponer de ella a capricho y así, con los cortes de tráfico que esto conllevaría, dejar claro a la administración que la negociación tiene poco de baladí. Por eso, la asociación urge a «quien corresponda» -Ayuntamiento y Principado aún no se han puesto de acuerdo- «a llegar ya a una solución», antes de que los herederos «en su pleno derecho» provoquen un «conflicto de la interrupción del tráfico de Magnus Blikstad que afectaría a todo el barrio».
Su presidente, Luis Lozano, va más allá y recuerda que el vial «actúa de entrada y salida del Polígono», por lo que «la buena voluntad entre ambas partes» pasa de ser recomendable a absolutamente necesaria.
Nadie imaginaba que un pequeño trozo de calle, cedido por su dueña al Consistorio en 1934, diese tantos problemas. Porque el futuro del suelo en el que se ubicó el fielato de Pumarín preocupa ahora incluso a algunos vecinos de Laviada. El presidente de la asociación, Florencio Martín, deja claro que «esa zona ya no nos pertenece, pero desde luego no queremos que haya ningún corte porque nos afectaría». Lo que todos piden es, al final, diligencia y celeridad.





