
Pese a los elogios y palmadas en la espalda que Bush y Putin se intercambiaron, parece a todas luces evidente que la crisis de confianza entre Rusia y EE UU continúa sin superarse. El jefe de la mayor potencia mundial insistió en que el escudo antimisiles que su país se propone instalar en Polonia y la República Checa «no está dirigido contra Rusia». «La guerra fría ha terminado», reiteró Bush.
El aspecto más positivo del encuentro fue la firma de una declaración estratégica marco que pretende sentar las bases para un futuro entendimiento entre los dos países y para seguir avanzando hacia una total sintonía. El documento recoge el anhelo conjunto de crear un «sistema de defensa antimisiles global» con participación de EE UU, Rusia y la Unión Europea y de «intensificar» las negociaciones para conseguirlo. Bush prometió que, si el mecanismo se pone en marcha, «habrá un intercambio de tecnología e información».
Putin ve la idea con buenos ojos por la sencilla razón de que ayudaría a eliminar los recelos a propósito de la base de misiles en Polonia y la estación de radar en la República Checa, instalaciones a las que parece claro que EE UU no va a renunciar. Ante el hecho consumado, el jefe del Kremlin en funciones expresó el deseo de que «se lleve a cabo un trabajo conjunto hacia la creación de un escudo antimisiles regional y después global, con intercambio de tecnología y acceso al sistema de control y dirección, pero de forma permanente». Putin subrayó la palabra «permanente» y afirmó tener «un cauto optimismo» al respecto.
Según su opinión, «con el escudo antimisiles lo importante son las medidas de confianza y cómo van a realizarse en la práctica. El diablo, como siempre, está en los pequeños detalles». «Transparencia supone auténtica apertura», añadió. Ambos presidentes admitieron que aún queda un buen trecho hasta lograr que las cosas funcionen a ese nivel. Stephen Hadley, consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, cree que es poco probable que se consiga antes de que Bush deje el cargo el próximo enero.
En cuanto a la Alianza Atlántica, el presidente ruso indicó que «si la OTAN se preocupase más de mejorar sus relaciones con Rusia en lugar de invitar a incorporarse a antiguas república soviéticas, tal vez su ampliación no la percibiríamos de forma tan traumática. La ampliación responde una lógica ya desfasada, en la que Rusia es contemplada al menos como adversario y no es así», aseveró Putin.
Acuerdo de intenciones
La declaración suscrita no pasa de ser un manifiesto de intenciones, pero recoge todos los aspectos de las relaciones bilaterales, comercio incluido, y los de índole internacional tales como Irán, Corea del Norte, la lucha contra el terrorismo, la no proliferación de armas nucleares, el fallido Tratado de Fuerza Convencionales en Europa (FACE) y el desarme atómico. Su texto incluye los puntos en donde se comparten posiciones comunes y también los desencuentros, no sólo el escudo y la OTAN, sino también en lo que se refiere a la futura firma de una acuerdo de desarme estratégico. El vigente en la actualidad, el Start-1, vence el año que viene y aún quedan muchas divergencias por limar.
Pero hubo voluntad, como señaló Putin, «para que lo malo no estropee lo bueno». La reunión fue en todo momento cordial y distendida. Además de este encuentro, Bush mantuvo una entrevista de veinte minutos con el nuevo presidente ruso, Dmitri Medvédev, de quien dijo que es una persona «inteligente y muy directa».





