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AL AIRE
Inescrutables
08.04.08 -

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EN la condición de inescrutables, no pocos caminos filosóficos lo son tanto como los del Señor, y casi tanto como los motivos que se ocultan tras la eternidad de las obras para convertir en autovía el camino entre Llanes y Unquera.

En la historia de la filosofía, la fama de oscuro por antonomasia se la lleva el griego Heráclito, quien allá por el siglo VI a. de C. sostenía eso tan conocido de que «nada es, todo fluye», al considerar el cambio como única realidad posible. El constante fluir explicaría la auténtica esencia de las cosas. Suyo es también otro pensamiento no menos famoso, pero que no tendría aplicación en referencia al río Piles puesto que bañarse en él y morirse de asco son una misma cosa. Dice así: «No puede uno bañarse dos veces en el mismo río». Y es que las aguas han pasado, otras hay en su lugar la segunda vez, y nosotros mismos, los posibles bañistas, somos ya otros. Pero al difunto Heráclito le gustaba también jugar con fuego: «Ningún ser humano ni divino ha hecho este mundo, si no que siempre fue, es y será eternamente fuego vivo que se enciende según medida y según medida se apaga».

Es posible que a algún adicto 'Al Aire' le parezcan claras las palabras del pensador de Éfeso. Si así fuere, igual está en condiciones de comprender estas otras proferidas por el confucionista playu Ya-Lo-Tsé:

«Cuando la mente surge, toda clase de coses surgen; cuando la mente está en silencio, todes les coses están en silencio. Cuando la única mente no ha nacido, todas les coses son irreprochables. Por esta razón, incluso aunque te encuentres en lugares tranquilos y serenos, y te sientes silenciosamente en tranquila contemplación, mientres que el camino del caballo de la mente-mono de la conceptualización no haya sido cortau, estarás desperdiciando el tiempu».

Puede que hasta exista algún lector capaz de hallar sentido a la crítica que Ramón, el Epicuro de Gozón, hiciera a un plato de cocina de autor:

«Se trata de una superposición muy precisa de láminas fibrosas que forman un interesante prisma cuadrangular. Deploro no poder silenciar que su falta de principios nitrogenados, de hidratos de carbono y de grasas neutras, conspira decisivamente en su contra con su reseca masticación insoluble y de gusto insípido. Su proceder, para el criterio geométrico más exigente, es irreprochable, sin travesuras no euclidianas, que prescinde,con igual decoro y modestia, de la furtiva pequeñez microscópica y del gigantismo guarango».

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