Sin embargo, las autoridades sanitarias deberían mostrarse lo más explícitas posible en el relato de lo acontecido y en la exposición de la situación general de la enfermedad citada en Europa y en España. Es lógico que se extremen las cautelas para preservar la identidad de las personas fallecidas o por ceñirse a los parámetros que dicta la ciencia médica a la hora de establecer un diagnóstico que sólo puede confirmarse mediante autopsia. Pero ello no impide que los responsables de salud expongan siquiera a título orientativo las circunstancias en las que pudo aparecer el mal en relación a los datos que se tienen de los afectados en el resto de los países, o que clarifiquen si existen pacientes en España sospechosos de haber contraído la variante de la ECJ.





