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AL AIRE
Certeza
09.04.08 -

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EL playu que frecuenta el Bar BB y BT no acostumbra a ser cumplidor de la segunda parte del imperativo contenido en el nombre del chigre, sino que le encanta hablar largo y tendido, o, mejor dicho, sentado o acodado sobre la barra. Así, unos cuantos aborígenes cimadevillenses sostuvieron recientemente una tertulia de connotaciones tauromáquicas en la que se dijeron cosas como éstas:

-Hablando de cornamentes, el que tenía una mayor que un reno de Santa Claus era el difuntu Melquiades -comentó Nolo Vasllenar.

-Muuurmuuuraciones -intervino Pepe'l Calaínes. Luego, para defenderse de la corta y rotunda acusación de haber hablado en perjuicio de un ausente, Nolo contó esta anécdota:

-Como sabéis el Melqui trabayaba como marino mercante y hacía rutes por el Norte que lu obligaben a estar fuera casa durante siete o diez días. Bueno, pues el casu fue que, según me contó él mismu durante una noche en la que papamos más sidra que vino hubo en les bodes de Canadá, al regreso de uno de los primeros viajes que hizo después de casase, empezó a joder con la parienta como si en ello fuera-i la vida, y ella, que era muy escandalosa, gemía y suspiraba como una lloca mientres la cama de madera crujía y movíase en un 7 de la escala esa de Richter. Hacia les 3 de la mañana, el vecín de abajo gritó al alto la lleva.

«¿¿Ya está bien, ho, que me tenéis toda la semana sin pegar ojo!!».

-Siempre cabe la posibilidad de que el vecinu fuera aficionau a les bromes pesades -fue el turno de la vidente evidente Morgana la Fata, tan ingenua ella en cuestiones amatorias.

-Yo se de muy buena tinta, de chipirón de potera, que Melquiades era cornudo -dijo el otrora afamado playu-boy Narciso'l Bellu.

-¿Cómo puedes estar tan seguru? -se interesó la aprendiza de bruja.

-Por la sencilla razón de que era mi menda quien-i los ponía.

La contundencia del argumento puso fin a aquella parte de la tertulia, no sin que antes colocara la guinda el mentado Calaínes:

-A marido ausente, amigu presente.

¿Equilicuá?...

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