
DEBUTANTE. Soraya Sáenz de Santamaría, nueva portavoz parlamentaria del PP, conversa con Mariano Rajoy en presencia de Ángel Acebes. / EFE
PROPUESTAS Y REPROCHES DE RAJOY
Economía:
La tasa de inflación es la más alta de los últimos trece años y se han encarecido los productos de primera necesidad.
España ha perdido competitividad y un 15% de su mercado internacional.
Las familias tienen cada vez más dificultades para llegar a fin de mes.
Han subido los tipos de interés y ha bajado el PIB.
Los parados de la construcción han subido en más de 100.000 personas desde junio.
España tiene el segundo déficit exterior más alto del mundo.
Por todo eso, España no está en buenas condiciones para afrontar la crisis.
Los problemas de vivienda sólo tienen una solución eficaz, la política del suelo.
Política social:
Las propuestas de Rodríguez Zapatero sobre dependencia y pensiones sólo pueden sustentarse con una buena política económica, que genere riqueza y empleo. Sin ella, la política social no pasará de ser un mero catálogo de buenas intenciones.
Inmigración:
España padece un descontrol migratorio. Faltan medidas para controlar la inmigración ilegal y lograr la integración efectiva de los extranjeros que ya están en España. Si Rodríguez Zapatero sigue con la misma política, el resultado seguirá siendo negativo.
Justicia:
Asistimos a una creciente alarma social por los fallos en cadena del sistema judicial.
Hay que dotar a la administración de Justicia de los recursos materiales y tecnológicos precisos para que esos errores no se repitan.
No se entiende que la comunicación entre los jueces y las fuerzas de seguridad del Estado no se apoye en los recursos tecnológicos hoy disponibles.
Los españoles demandan adaptar las leyes a situaciones que exigen más severidad en el tratamiento penal y penitenciario de los individuos que representan un mayor peligro para la sociedad.
Hay que devolver al Poder Judicial su independencia desde un planteamiento global.
Seguridad ciudadana:
La sociedad afronta nuevos y temibles desafíos en materia de seguridad como el crimen organizado.
La lucha contra la criminalidad requiere algo más que leyes o declaraciones de carácter propagandístico.
Es preciso habilitar más recursos humanos y medios técnicos contra la violencia de género y la pederastia.
Terrorismo:
Estamos ante una amenaza muy seria, agravada por una cadena de errores que Zapatero no ha tenido más remedio que rectificar. Rajoy espera esas rectificaciones para empezar a hablar.
El Partido Popular apoyará cualquier acuerdo que quite toda esperanza a ETA, que tenga en cuenta a las víctimas y que asegure que no habrá cambios en política antiterrorista hasta la derrota de la banda.
Política exterior:
La mezcla de idealismo y confusión que guía la acción exterior de Rodríguez Zapatero ha desembocado en el aislamiento y la irrelevancia de España.
La política internacional se sustenta en valores, pero también en intereses y la mejor forma de defenderlos es reforzar los lazos con los que comparten nuestros valores.
La política exterior debe estar guiada por los valores democráticos, pero orientada por el realismo en la defensa de los ciudadanos y las empresas españolas.
Educación:
El Gobierno no reconoce los problemas que padece el sistema educativo, por tanto no se pueden aplicar las correcciones adecuadas.
Agua:
El gobierno liquidó el Plan Hidrológico Nacional para sustituirlo por nada.
Estamos peor que nunca, sobre todo en Aragón y Levante.
Lo ocurrido en Cataluña asistimos a un esperpento en el que el Ebro se desborda mientras en Barcelona crece la inquietud por la falta de agua.
El Gobierno improvisa fórmulas muy costosas para transportar agua desde otros puntos de España mediante los sistemas más sorprendentes, como el ferrocarril.
Mariano Rajoy se declaró ayer dispuesto a pactar con el candidato a presidente del Gobierno los grandes asuntos de Estado, aunque anunció que la desconfianza por su actuación en la pasada legislatura llevará al PP a votar en contra de su investidura. Con esta ambivalente posición se manejó el líder de la oposición en el debate, en el que quiso dar una respuesta positiva a las ofertas de diálogo de Zapatero y, al mismo tiempo, contentar a su grupo parlamentario con críticas a la gestión y acreditada experiencia que arrastra el aspirante a la reelección. «Estoy dispuesto a hablar en serio de terrorismo, de España, de la Justicia, financiación autonómica, política exterior y el Pacto de Toledo», dijo Rajoy a Zapatero, y recogió el guante que le había lanzado el líder socialista al anunciar una inmediata cita en La Moncloa. «Si me llama yo iré, pero usted tiene una enorme responsabilidad porque es presidente del Gobierno», apostilló con una frase que recabó uno de los aplausos de las bancadas populares.
El presidente del PP sólo dio este paso después de que su adversario político, en la primera réplica al líder opositor, reconociera haber cometido errores para hacer así borrón y cuenta nueva en las relaciones entre las dos grandes fuerzas políticas con vistas al futuro. Para no ser menos, Rajoy también dio una muestra, más o menos retórica, de autocrítica. Asumió que «seguro que yo he cometido muchos errores, probablemente más que usted», e insistió en que cree firmemente en la necesidad de que Gobierno y oposición alcancen acuerdos de Estado.
Desconfianza
Pero la primera aproximación al debate del político popular fue de abierta desconfianza. Nada más subir a la tribuna, anunció que su grupo parlamentario votará en contra de la candidatura de Zapatero porque «ni las iniciativas que hemos conocido ni sus palabras de hoy nos permiten otra actitud».
En ese primer momento, y a la vista del discurso inicial del candidato, el líder del partido opositor se declaró confuso y sin saber muy bien cómo interpretar su intervención del candidato: «Por una parte parece arrepentido de alguno de sus errores en la pasada legislatura y dispuesto a la enmienda pero, por otro lado, muestra una inquietante obstinación en continuar por la misma senda y repetir parecidas equivocaciones», confesó.
Ajuste de cuentas
Rajoy reivindicó en todo momento la política de pactos como un discurso propio de su partido y culpó a su adversario de haber preferido acordar con partidos nacionalistas o minoritarios en la pasada legislatura. Y ese ajuste de cuentas con el pasado inmediato fue uno de los motivos con los que justificó su voto en contra, al que sumó al análisis de la situación que presentó a la Cámara el candidato a la reelección.
Explicó que «la profunda desconfianza» que mantiene el PP en el aspirante socialista le conduce al voto en contra a causa del escaso crédito «que podemos otorgarle a su palabra». «Tiene usted pendiente la tarea de ganarse nuestra confianza», añadió. Analizado el programa expuesto por el candidato, Rajoy concluyó que es continuista y señaló que «no he visto en su discurso ni voluntad ni ideas para que las cosas se corrijan».
Ante la oferta de pactos que le propuso Zapatero, reconoció que «el sonido de sus palabras me ha gustado porque yo creo en esas cosas». «Estoy convencido y predispuesto», añadió, aunque aprovechó para culparle del desencuentro de los últimos cuatro años. «Ahora dice que desea volver al acuerdo y yo aplaudo esa rectificación y le tomo la palabra», declaró y, enseguida, marcó los límites de ese diálogo.
El líder del PP pidió, en primera instancia, que los pactos sobre asuntos de Estado tengan a los dos grandes partidos como «protagonistas imprescindibles», aunque no se opone a que otras fuerzas políticas «se sumen a esos acuerdos con sus aportaciones».
En segundo lugar, reclamó concreciones y no «conceptos vaporosos o meras declaraciones de buenas intenciones». «Necesitamos conocer el camino que vamos a recorrer», antes de pedir datos sobre las pretensiones del candidato socialista, los fines que persigue y los procedimientos que propone en cada uno de los asuntos que se propone pactar.
Requirió del líder del PSOE sinceridad a la hora de calificar la actual situación económica y le pidió que le llame «como quiera: crisis, desaceleración o desfallecimiento, pero no lo esconda». Celebró que el presidente en funciones haya reconocido «el agotamiento de un modelo de crecimiento que ya no da más de sí», pero le reprochó que «se responsabiliza exclusivamente a lo que viene de fuera».