
El candidato socialista propuso una estrategia antiterrorista compartida por todos los grupos parlamentarios a fin de que «sea de todos». No entró en detalles sobre cuáles podrían ser los ejes de este nuevo pacto, sólo apuntó que debe ser «un compromiso democrático» en el que «los ciudadanos puedan verse colectivamente reflejados y amparados».
Rajoy respondió con cautela. No se mostró ilusionado con la idea de un acuerdo antiterrorista sin exclusiones porque existen fuerzas políticas, en alusión a los nacionalistas, que «no desean, en absoluto, que el final de ETA sea una derrota» y «en el fondo no quieren ver derrotadas sus pretensiones». El líder opositor defendió la tesis de que un acuerdo de esas características debe ser cosa de dos, «ustedes y nosotros», y «si después se suman otros, mejor».
Con todo, el presidente del PP subordinó que «podamos entendernos» en materia antiterrorista a que haya «rectificaciones» en la estrategia contra ETA de la anterior legislatura. Si es así, dijo estar «predispuesto» a ese nuevo consenso siempre que no se modifiquen los objetivos fijados en el pacto antiterrorista firmado en 2000.
La reacción de Rajoy molestó al aspirante a la reelección, quien reiteró la utilidad de un consenso lo más amplio posible. Incorporar, insistió, al acuerdo contra ETA a los nacionalistas demuestra que se tiene «sentido de la responsabilidad». Rajoy acabó por abandonar sus reticencias hacia la presencia de los nacionalistas en un mismo foro antiterrorista y recogió el guante lanzado por el presidente del Gobierno en funciones, por lo que se declaró dispuesto a hablar de terrorismo «en serio» y a acudir a La Moncloa.





