
LOS TRES PRESIDENTES
Pasado mañana, esta institución, que como es sabido fue gestada como ambicioso sueño en la mente de Graciano García, su director en los comienzos y en la actualidad, protagonizará un relevo en su cúpula.
Rendueles, la consolidación
Álvarez Rendueles, con el que la Fundación Príncipe ha logrado, no sólo multitud de reconocimientos como el que proclamó al mundo la Unesco en 2005, sino que sus galardones pasaran del ámbito iberoamericano al universal en todos sus apartados (en 1996 el Premio de Comunicación y Humanidades al británico John Elliot fue la puerta abierta definitivamente al mundo), pondrá su cargo, si todos los pronósticos aciertan, en manos de Matías Rodríguez Inciarte.
Pero antes de la entrada en esta peculiar historia de Álvarez Rendueles, el vicepresidente mundial del grupo Arcelor, presidente de Aceralia y Peugeot España y catedrático de Hacienda Pública, que llegaba a la Fundación en 1996, dejó su nombre escrito en el devenir de la institución el financiero Pedro Masaveu Peterson.
Masaveu, el comienzo
Fue el primer presidente y su máximo logro fue, precisamente, respaldar los primeros pasos de la Fundación. Cuentan que puso en ello su propia fortuna. Masaveu, que fallecía en 1993, seis años después de tener conocimiento de la enfermedad que se lo llevaría para siempre y que le impidió seguir en la presidencia, estuvo al frente desde 1980 a 1987.
La labor del recordado magnate, nacido en Oviedo en 1939, fue reconocida en 1984, cuando el Rey le concedió la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil. Nacido en Oviedo, en 1939, se licenció en Derecho, aunque su actividad profesional se desarrolló en el mundo de las finanzas y la empresa, fue un gran mecenas no sólo en lo que atañe a la Fundación Príncipe de Asturias, cuyos comienzos financió en silencio.
También fue un gran amante de las artes, que continuó la colección de su padre, Pedro Masaveu y Masaveu, creando uno de los fondos privados más importantes del país con obras de los grandes maestros de la historia de la pintura, un fondo del que hoy se nutre por dación el Museo de Bellas Artes de Asturias.
Dimitió de su cargo por razones de salud el 25 de junio de 1987, pero permaneció hasta el final vinculado a la Fundación, como vicepresidente. A Pedro Masaveu, al que esta institución le puso rostro público, pues era poco dado a dejarse fotografiar, le siguió otro hombre de enorme discreción y como él amante confeso de las bellas artes y propietario igualmente de una enorme colección de pintura: Plácido Arango.
Arango, el crecimiento
El empresario nacido en México, pero nacionalizado español y asturiano de descendencia y corazón, tomó el mando para sustituir a Masaveu y en él se mantuvo nueve años, desde 1987 a 1996. Dejó la presidencia porque creía que nadie debía permanecer más de dos mandatos. Pero su marcha no deja a la Fundación como estaba. Ni mucho menos. De los 11 millones de pesetas que lucía en su patrimonio cuando asumió la presidencia las arcas pasaron a tener 2.400 millones en 1996.
Es, sin duda, la etapa del segundo presidente de la Fundación Príncipe de Asturias, la de mayor desarrollo económico. Como si su actividad de éxito vertiginoso en lo privado se tradujese también en la institución, a su marcha el hoy presidente del Patronato del Museo de Bellas Artes, mecenas y magnate, como Pedro Masaveu, las cuentas quedan más que saneadas, lo que permite abrir una nueva etapa de mayor expansión.
Arango, que recibió un homenaje del patronato al que todavía pertenece, en abril de 1996, como una sorpresa al que se sumó el Príncipe de Asturias, dejó en manos de José Ramón Álvarez Rendueles una Fundación a la que sólo le quedaba abrirse definitivamente al mundo, reto con el que encaró su tercer presidente el nuevo mandato y reto logrado tras 12 años de aplausos continuos. PEDRO MASAVEU
PLÁCIDO ARANGO
ÁLVAREZ RENDUELES





