
Castrillón, un profesional de la radio -colaborador de Luis del Olmo en Punto Radio- ha trabajado en 'Espejo público' y en el programa de desaparecidos producido por Lobatón 'Los más buscados', ambos de Antena 3. Lleva años investigando los delitos que denuncia en el documental y mantiene la necesidad de que salgan a la luz todos los abusos, tanto de redes como esos más oscuros que ocurren y a veces se tapan entre la familia.
Ante el posible efecto mimético entre conductas delincuentes que puedan derivarse de la emisión de estos programas, Albert Castrillón recuerda cómo se enfrentó a esta situación en la radio. «Cuando invitaba a una mujer que había sufrido una violación de niña por parte de su abuelo recibía un montón de llamadas poniéndome verde a mí por remover estas cosas, por si daban lugar a sospechas infundadas. Y es que los abusos en familia o en el entorno han sido un tabú en España. De estos casos a la pederastia va un paso si se esconden, por lo que creo que ya es hora de que se hablen de ello con normalidad, de que se empuje a los políticos para que se hagan leyes más justas que defiendan a los niños». El número de abusos es alto. Miles de españoles han sufrido abusos en la infancia y sólo uno de cada cuatro denuncia. «Los otros tres tragan y soportan», advierte el reportero. Además, recuerda que un caso de asesinato no prescribe nunca y el de abusos sí. Para este profesional, delitos tan mediáticos como el de Mariluz da pie a que se conozcan los que estén en la sombra.
Las redes
El reportaje bucea por primera vez en las redes de pederastia en España. «Siempre nos quedamos con el abusador familiar o vecino, pero no miramos más allá. El hermano rico de la pederastia son los treinta mil españoles que se van de turismo sexual y los que, sin viajar, consiguen niños en España pagando lo que haga falta para sesiones que hasta se graban en cámaras de video. Se demuestra en el programa que son capaces hasta de matar a los menores», explica. ¿Cómo se consiguen los niños? En algunos casos la propia familia, de pocos recursos económicos, los vende. Una segunda vía es usar al niño como moneda de cambio en el trapicheo de la droga.
Un antiguo traficante de drogas cuenta ante las cámaras cómo en una compra de cocaína a colombianos hay veces en que los traficantes piden de garantía a la mujer y a los hijos. Si el comprador no tiene el dinero pactado, el vendedor se queda con la familia y la utiliza para el mercado de la pederastia y la prostitución.





