
Hoy, 20 años después de ponerle el punto y final, su historia sigue viva, sin añadir materia canosa y dando trabajo y beneficios a las editoriales. Este colono que llegó a convertirse en un miembro más de la tribu Shuar, sigue colándose por las habitaciones del mundo, donde es conocido como 'Un viejo que leía novelas de amor'. Habla más de sesenta lenguas, incluso la de los piratas, que no han perdido el tiempo recreando sus viaje intimista sin pagar derechos de autor y, por supuesto, habla el idioma del cine, además con la voz de Richard Dreyfuss.
Pero lo que más llama la atención a Sepúlveda de esta singular travesía, que comenzaba sobre el papel en Chile, pero veía la luz en Oviedo, gracias al Premio de Novela Tigre Juan, es que en estos 20 años su historia ha descrito un círculo perfecto. Una geografía que parte del mismo punto al que ahora llega, que iniciaba su primer trazo en la mesa de un jurado asturiano y regresa para el peculiar aniversario a otra de esta misma tierra, porque a ella ha vuelto su autor para quedarse. Una mesa que soportaba ayer como ejemplo de un éxito sin precedentes decenas de ediciones en diferentes idiomas, incluida la primera de la editorial asturiana Jucar.
Precisamente de aquella primera tirada, que puso en la calle mil ejemplares, publicados con motivo del Tigre Juan -ahora galardón internacional, también gracias en parte a la internacionalidad del viejo Bolívar- no se vendieron, contaba ayer Sepúlveda, más de 10 ejemplares.
No se hizo promoción y la distribución de literatura que no pasaba por Madrid o Barcelona era en aquellos años ochenta más bien remota. Aún así, llegó a manos de una editora francesa, hoy la habitual del escritor chileno, que le pidió permiso para sacarla en su país. «Me dijo somos una firma pequeña no podemos pagarle más que unos 5.000 dólares en concepto de adelantó» le espetó la editora, dejándole boquiabierto: «Para mí entonces era mucho dinero». En un año habían vendido más de un millón de libros. Luego llegó la feria de Frankfurt y allí entró en escena Tusquets. Ese fue el principio del gran éxito. En 1997 Planeta editaba 'Un viejo que leía novelas de amor' en su colección de clásicos contemporáneos y, a partir de ahí, editores del mundo entero llamaron a su puerta.
Sólo otras dos historias escritas en lengua castellana, 'Cien años de soledad' de Gabriel García Márquez, y el Quijote, de Cervantes, han sido contadas bajo tantas diferentes solapas.





