
A raíz de la sentencia referida al asesinato del niño de 6 años Borja Solar por parte de Ramón del Barrio, que padecía esta enfermedad en uno de sus grados más severos, Nel Anxelu González recordó la necesidad de mejorar el funcionamiento del actual sistema médico de salud mental en el Principado, «con recursos que permitan una atención más completa de los enfermos».
Vieja aspiración
El presidente de Afesa recordó que una de las aspiraciones pendientes de la asociación es lograr atajar el «vacío legal» que impide que se pueda obligar a los pacientes a iniciar un tratamiento contra su propia voluntad. De hecho a lo largo de la última legislatura se plantearon modificaciones en la Ley de Enjuiciamiento Civil y la Ley de Jurisdicción Voluntaria en el sentido de conseguir una normativa «que permita que los jueces cuenten con un instrumento legal que les permita, a instancias de un médico, obligar a un paciente a tomar la correspondiente medicación aunque éste se niegue a ello». Nel Anxelu apuntó que «muchos de estos enfermos no reconocen que lo son y se niegan a seguir un tratamiento. No se trata de usurpar su libertad, pues una vez inicie la medicación él mismo se dará cuenta de que tiene que seguirla».
Pese a todo, desde Afesa consideraron que la medicación «no es una panacea» y solo debe entenderse como un tratamiento inicial contra la enfermedad. «Se necesitan otro tipo de servicios sociosanitarios como programas orientados a la inserción laboral, diversos talleres... Cualquier cosa que les ayude a seguir una vida normal. La atención al enfermo debe tener un seguimiento en el tiempo, con apoyos también para la familia».
También coincide en la necesidad de poner más medios para la atención de los enfermos mentales Juan Antonio Gil López, psiquiatra y ex presidente de la Sociedad Asturiana de Psiquiatría, quien asegura que «las primeras víctimas de estas personas son sus propias familias, que tienen que adaptar toda su vida las pautas, ritmos y extravagancias de los enfermos». Gil López lamentó que en muchas ocasiones los familiares se sienten inútiles «porque cuando piden ayuda apenas se les hace caso, ya que si el paciente se niega a seguir tratamientos no hay ninguna posibilidad de actuación». Exige, al igual que Afesa, que se estudie la posibilidad de intervención por parte de la autoridad judicial.
Por otra parte, aseguró que no se pueden achacar culpas a los profesionales, «porque con la elevada carga de pacientes que tienen que atender, se ven incapacitados para ofrecer tratamientos que requieren de más paciencia, como psicoterapias o terapias de apoyo a las familias». Criticó la ausencia de infraestructuras y eslabones intermedios entre los ambulatorios y los hospitales: «Se necesitan más centros de día, alojamientos de noche y, por ejemplo, talleres de laborterapia», dijo. En su opinión el panorama actual en la atención a la salud mental «es desolador, porque el enfermo mental grave no es rentable para la administración».





