Predicciones como las efectuadas por el FMI complican la ya de por sí difícil tarea del Ejecutivo de tratar de prevenir y combatir con iniciativas concretas las consecuencias del declive económico sin agravar, al tiempo, la desconfianza que la crisis financiera ha inoculado al conjunto del sistema. En épocas de cambio forzoso, la sociedad precisa que sus representantes se conduzcan con rigor y claridad, sintiendo que comprenden sus desvelos y están dispuestos a ayudar a paliarlos. Pero la credibilidad de ese discurso exige evitar expresiones de optimismo en una recuperación a medio plazo como la que formuló Rodríguez Zapatero en la investidura. No sólo por la imposibilidad de calibrar en estos momentos el alcance del deterioro económico, sino porque ese lapso, por breve que sea, puede resultar desolador para los ciudadanos más desprotegidos.





