El cúmulo de desatinos, presuntas irregularidades y arbitrariedades acumuladas en este último año ha sido, desde luego, para batir todas las marcas, comenzando por la enajenación de las competencias en materia de personal docente, que ya no depende de la Consejería de Educación sino de la de Administraciones Públicas. Parece que estos señores no se enteran de que quien realmente conoce las necesidades de los centros de enseñanza, porque es quien planifica y regula el curso escolar desde todos sus ámbitos, como matrículas, oferta de enseñanzas etcétera, es la Consejería de Educación, a través de sus distintos servicios. Por lo tanto, si a alguna intención obedece la lindeza de gestionar, uniformándola con el resto del funcionariado, el personal de educación de esta forma, no es a la de atender suficientemente las necesidades de la comunidad educativa, sino realizar una gestión de recursos humanos meramente economicista, ahorrativa y llevada por criterios de empresa. Nada más alejado de la idea de servicio público. En este sentido, nada más clarificador que la descarada reconversión realizada recientemente en el seno de la plantilla orgánica de los centros, al suprimirse completamente 125 plazas de profesor cuando están aumentando las matriculaciones en ciertas zonas. Igualmente, la esperpéntica, por su colosal racanería, oferta de empleo público para las nuevas plazas de profesorado (este año de secundaria), que podemos cifrar en sólo un tercio de las necesidades reales de Asturias.
¿Y cómo piensan suplir estas graves carencias? Lo tienen muy claro: con la precarización laboral de los docentes, el recorte de la oferta educativa pública, el aumento de la proporción alumnos/profesor y la impartición por el profesorado de materias para las que no tienen una preparación específica. Resulta más barato. La pela es la pela. ¿A quién le importa la calidad de la educación? Deteriorar la enseñanza pública favorece los intereses empresariales de la enseñanza privada; es el modelo del pensamiento único. Pero, tranquilos, que esto estaba ya inventado, no se les ha ocurrido a ellos.
No contentos todavía, al escaso personal que les queda se deciden por tratarlo mal, muy mal, y en esto también se baten marcas. Comenzando por la mordaza puesta en la boca de los sindicatos de educación a la hora de negociar sus más elementales condiciones laborales, al negarse sistemáticamente a convocar la Mesa Sectorial de Educación, verdadero ámbito negociador. Les conviene mucho, máxime cuando la Mesa General (para todo el funcionariado, en 'totum revolutum') se muestra tan dócil y ajena a los asuntos de educación. ¿Existirá realmente algún patrón, tenido por cuerdo, que pretenda que su personal va a funcionar mejor tratándolo despótica y despectivamente?
Y en el mismo contexto está la mayor, la única e inimitable, la madre de todas las ocurrencias: el proyecto de carrera profesional. Detrás de ella no hay nada nuevo: crear división entre los docentes, recortar derechos adquiridos y aumentar la flexibilidad y disponibilidad ciega del docente. Todo a cambio de un caramelo, que no es sino la actualización salarial que en justicia correspondía, al conjunto de los docentes. Un cheque en blanco en el que ellos mismos empiezan a no creer (ya anunciaron que no van a hacer el segundo pago) pues están viendo las orejas al lobo de los tribunales de justicia.
Este es el poco prometedor panorama que, a mi juicio, se presenta para la educación en Asturias. Me consta que son muchos, cada vez más, quienes lo comparten en sus rasgos esenciales. Esperemos que la cordura se imponga mínimamente, y también que el colectivo docente se una de una vez para defender el futuro de la educación y el de su propia dignidad.





