
La reelección de Zapatero, sin embargo, no corre peligro: la conseguirá mañana, en segunda vuelta, con el único apoyo del grupo socialista. El revés, pese a la apariencia, no es tal, ya que el candidato consiguió abrir una vía de pactos con todos los grupos, incluido el PP, en la legislatura.
Hace cuatro años, Rodríguez Zapatero fue investido presidente del Gobierno a la primera, pero constriñó su capacidad de tejer alianzas a tres aliados menores: IU-Iniciativa per Catalunya, Esquerra Republicana de Catalunya y Bloque Nacionalista Galego. En esta ocasión, no consiguió la reelección en la votación inicial, pero, en cambio, amplió el abanico de pactos a todos los grupos parlamentarios de la Cámara. Los portavoces, desde Mariano Rajoy hasta la nacionalista Uxue Barkos, mostraron su predisposición a entenderse con el futuro Gobierno.
El candidato socialista no alcanzó la mayoría absoluta de 176 votos y se quedó en 168 a favor de su investidura, todos los de su grupo, salvo una ausencia, y recibió el rechazo de 158 diputados, los 154 del PP más los tres de Esquerra y la de Unión, Progreso y Democracia. Se registraron, además, 23 abstenciones de los parlamentarios de CiU, PNV, BNG, Coalición Canaria, IU-Iniciativa per Catalunya y Nafarroa Bai. La votación se repetirá mañana y ya sólo será necesaria la mayoría simple para la reelección, un objetivo asegurado sólo con los diputados del PSOE, a la vista de la votación de ayer.
La situación, lejos de disgustar a los socialistas, fue el remate perfecto de una operación calculada al milímetro. El partido gubernamental optó por no reeditar la estrategia de la legislatura pasada de atarse a acuerdos con las fuerzas nacionalistas e IU y prefirió moverse con la «autonomía» que da el único respaldo de los suyos. En las conversaciones previas, los negociadores socialistas ni reclamaron el voto a los grupos minoritarios y el propio Rodríguez Zapatero se cuidó de no hacerlo tampoco en sus intervenciones durante el debate de investidura. El PSOE quiere que la única 'hoja de ruta' del Gobierno sea su programa y el candidato lo reafirmó ayer: «no va a haber excusa ni resignación para no cumplir el programa».
Esta actitud, contra lo que cabría esperar, no provocó la animadversión del resto de los grupos, que estiman legítima la opción elegida por los socialistas. El PP, que comprobó que Zapatero ha escogido a Rajoy como aliado de referencia para asuntos de Estado, no dio el portazo que no hubiera extrañado a nadie en la anterior legislatura.
El líder de los populares no escondió en el balance del debate que su partido está por la labor de acordar: «Pido que el Gobierno se entienda con el PP; no sólo ofrezco, sino que pido que cuando se hable de terrorismo, pensiones, política exterior, España y justicia se pacte con el PP», dijo Rajoy.
Borrón y cuenta nueva
El líder opositor propuso hacer borrón y cuenta nueva de los últimos cuatro años, ya que «no es bueno hablar de lo que pasó en la última legislatura». No especificó si esta voluntad pactista se plasmará en acuerdos escritos o en escenificaciones unitarias porque lo importante es «el fondo de los asuntos y no sólo las formas». Se trata, prosiguió, de «generar un clima de confianza» mutua más que de rubricar documentos.
El portavoz socialista en el Congreso, José Antonio Alonso, se sumó a esta corriente de buenas palabras y reclamó que «cualesquiera que hayan sido las diferencias en el pasado no deben ser motivo (ahora) para la división». El aún ministro de Defensa en funciones se congratuló por «la receptividad» que apreció en Rajoy para llegar a acuerdos y abogó por «extender un manto de consenso y colaboración» con el PP a lo largo de esta legislatura.
El buen clima también llegó a los grupos minoritarios pese a ser también conscientes de que serán 'segundo plato' en muchos asuntos porque la preferencia socialista será para los populares.
Easte marco ayudó también a dar un protagonismo especial al nuevo presidente de la Cámara. José Bono, que ha logrado las alabanzas generalizadas de los distintos grupos parlamentarios hasta el extremo de hablar ya de «un nuevo estilo en el hemiciclo».
Sin embargo, la actuación del presidente del Congreso quedó ayer marcada por una anécdota verbal tras asegurar que «vamos a proceder al sorteo por el sistema de insaculación». Esta afirmación sembró la perplejidad en los escaños. Bono se vio obligado a aclarar que al decir «insaculación» -correcta, por otra parte- se estaba refiriendo a «sacar del saco» un número.







