
La Policía Científica continúa entretanto analizando las pruebas recogidas en el lugar donde en la mañana del viernes 14 de marzo fue hallado el cuerpo semicalcinado de la joven. Ahora deberá visionar la cinta de vigilancia que la empresa estatal Hunosa tiene en la escombrera del Samuño, para comprobar qué coches accedieron al lugar donde se encontró el cuerpo. Una prueba fundamental para la defensa, ejercida por José Carlos Botas, quien afirmó ayer que «puede ser fundamental si se vio un coche allí a aquellas horas, donde apareció el cadáver, entonces se puede ver qué vehículo era».
Respecto al testimonio presentado ayer, la defensa trata de dar credibilidad a la coartada de Celso M. B., quien, como adelantó EL COMERCIO, afirmó ante el juez que estuvo con la víctima, el día de su desaparición, con anterioridad a las 18.30 horas. A esas horas declaró que se encontraba en una asesoría del distrito de La Felguera arreglando unos papeles de la reciente muerte de su padre. Un relato que en principio chocaba con el de los empleados de la asesoría, quienes afirmaron que el joven estuvo allí entre las 17 y las 17.30 horas.
Uno de los tres testigos que declaró ayer confirmó que «coincidí en una calle del distrito de Sama con Celso entre las 17.15 y las 17.30 horas del día en el que supuestamente se cometió el crimen»; en sintonía con la declaración del único implicado. Además, otro de los testigos afirmó que estuvo el inculpado a la hora aproximada que el empleado de una gasolinera de El Entrego afirma haberle vendido cuatro litros de gasolina. La divergencia en las horas fue una de las bases que llevó al juez a decretar prisión provisional y sin fianza para Celso M. B.





