
Así lo adelantaba ayer la directora de área de la institución y profesora de Musicología e Historia del Arte, Marta Cureses, a cuya intervención se debe que la viuda del autor de Honduras, que se decía guatemalteco, optara por Asturias para la donación. Según Cureses, «una gran parte de la colección está muy ordenada y perfectamente catalogada, pero hay otra que requiere iniciar un trabajo exhaustivo para sacarle todo el partido posible».
La herencia de Monterroso, que llegaba en un tráiler cargado hasta arriba, no ha sido desembalada al completo. Un equipo de personas de la Universidad trabaja estos días en la apertura de cajas, por lo que su contenido, que Cureses conocía en su conjunto, se va descubriendo poco a poco. En principio se trabaja con vistas a realizar una primera «pequeña exposición» (en el futuro se organizará otra mayor) con la que se recibirá a Barbara Jacobs, que viajará a Oviedo la próxima semana, el día 17, para inaugurar la citada muestra y firmar el convenio que la une a la Universidad de Oviedo por este legado.
Lo mejor de la donación
El creador de los libros de cuentos más hermosos del mundo como llamaba Ítalo Calvino a Monterroso, estará presente en la Universidad no sólo en su magnífica biblioteca, integrada por 13.986 libros, sino en aquellas cosas que le identifican más allá de la escritura. Destacaba ayer la directora de área de la Universidad que, siendo «el fondo bibliográfico impresionante, lo mejor son los pequeños objetos personales».
Entre ellos destaca una colección de dibujos del propio autor, en la que se muestra como un aventajado artista, que, además se atreve a caricaturizar a sus amigos y también a autorretratarse. «En una ocasión pintó a Cortázar como un gigante y a él, a su lado, como un enano», narra Marta Cureses, que, pese a tener conocimiento previo del legado, está disfrutando de cada apertura de caja, como una nueva sorpresa. Lo fue, por ejemplo, encontrarse con todas las condecoraciones del escritor, el Premio Juan Rulfo y por supuesto, el Príncipe de Asturias de las Letras, que le fue otorgado en el año 2000 y que devuelve a Asturias en forma de diploma y estatuilla de Miró.
Fotografías de toda una vida, desde que era un niño hasta que se convirtió en un escritor de fama internacional; cartas singulares, como una de Yoko Ono agradeciéndole su participación en el Jardín de la Paz, un archivo de prensa que supone, entre otras cosas, una especie de biografía indirecta, pues recupera todo lo que se ha publicado sobre su obra y su vida; pinturas al óleo de gran tamaño y grandes artistas y un sinfín de objetos que serán puestos a la luz, junto a un ex libris, que prepara la Universidad de Oviedo, como homenaje de agradecimiento por la herencia y en el que los diseñadores están jugando con el pájaro y el 'amén', que Augusto Monterroso utilizaba casi como firma al concluir sus deliciosos textos.





