Esta acumulación nos afecta, queramos o no, en nuestra vida cotidiana y en el ejercicio y acceso a los derechos más fundamentales.
Echemos una mirada al ejemplo de la gestión de los recursos naturales y de los recursos públicos. Por ejemplo a la gestión del agua. Como la concentración de esa gestión en manos privadas y cada vez en menos manos, que limita y encarece el derecho a ese recurso.
O el monopolio en los transportes, que afecta cada día más a las posibilidades de movilidad en el territorio. Concretando aún más, imaginemos las posibilidades de movilidad de una persona del occidente de Asturias, donde la única opción de transporte es una compañía de autobús, que se rige por el lucro, bien por el uso de viajeros de la línea, bien por recibir una subvención pública que le hace rentable ese servicio.
Volvamos al ejemplo de las ganancias de las grandes empresas. Hasta hace unos años, la ostentación de la riqueza no estaba muy bien vista, los valores que estaban detrás de esa ostentación no eran admitidos por la mayoría de la sociedad al menos de cara afuera. Eso ha cambiado en la ultima época, mostrando la riqueza y la obtención de ella como un valor en sí mismo y la meta y objetivo de muchas personas. Como se dice hoy en día: son 'hombres hechos a sí mismos' dignos de admiración (que no mujeres, por cierto).
Las grandes ganancias de las empresas, la ostentación de la riqueza, sólo es una nueva forma de mostrar el poder en un sentido amplio. Mostrar la posibilidad de conseguir recursos y tiempos, recursos y tiempos de las otras personas, es lo que nos hace más poderosos frente a la gente que no tienen ni recursos ni tiempo, frente a las personas que viven en la precariedad.
La relación entre la acumulación de recursos y tiempos y el acceso a derechos básicos se hace aún más clara si miramos a nuestro territorio, donde hay una zona que acumula la población, los recursos, los proyectos, las infraestructuras, y, en summa, la riqueza. Y otras zonas donde el acceso a los más mínimos derechos se ven perjudicados por la acumulación de éstos en otros lugares.
Nos tendríamos que contestar a la pregunta de cuál es el objetivo que queremos tener como sociedad, si el crecimiento económico sin límite que se acumula en pocas manos y que son estas las que 'derraman' lo que les sobra, o una sociedad que busca la viabilidad de la vida de todas las personas que la forman.
Si apostamos por este segundo objetivo, sin duda es hora de repartir la tarta.





