La ciudad no es sólo una máquina en funcionamiento permanente. No es sólo un lugar o espacio geográfico. La ciudad es un conjunto de actividades y servicios que se desarrollan y se prestan en determinadas condiciones.
La ciudad es más una condición que no un simple lugar. Es la condición del empleo y la protección social que aseguran la dignidad de las personas. La calidad de la ciudad, la de sus calles y plazas, la localización de la vivienda y su relación con el trabajo, los centros de salud, las escuelas, los parques, determinan la calidad de nuestras vidas y son nuestro salario social en un espacio determinado. La quiebra de la ciudad es la quiebra de nuestra calidad de vida.
Citando a David Harvey, Eduardo Mangada defiende que la ciudad forma parte de la teoría política, como la escala espacial donde mejor pueden articularse ideas e ideales de democracia. A fin de cuentas, el proyecto de ciudad define en quién queremos o no convertirnos.
Mangada se detiene en colectivos vulnerables como los pensionistas con bajas pensiones, o los parados con una prestación por desempleo en el límite de la dignidad, para los cuales contar con una vivienda accesible, un transporte público confortable y barato, parques, paseos y lugares de encuentro limpios y arbolados, es clave. Luego, los centros sociales, actúan como colchón amortiguador de la insatisfacción producida por una pensión o prestación en el límite de la subsistencia.
Tanto si entendemos la ciudad como salario social, como disfrute de bienes y servicios colectivos, como si la entendemos como disfrute de unos ahorros que cada trabajador ha generado antes en forma de impuestos, es decir, tanto si la entendemos como plus salarial o como devolución de intereses generados por mis impuestos, lo cierto es que un reparto equitativo de las cargas fiscales constituye la garantía de nuestros derechos ciudadanos.
La educación y pedagogía fiscal, la justicia fiscal, la igualdad en el reparto de las cargas fiscales, son elementos muy importantes para defender la ciudad como condición de calidad democrática. La concepción de Mangada es una concepción que él mismo denomina mezcla de marxismo y socialdemocracia. Una concepción desde la conciencia de lo que Ramoneda explica como dificultad de los herederos de la socialdemocracia para definir su identidad.
Una conciencia que produce una reflexión. La derecha no construirá ciudad mientras su obsesión prioritaria sea tan sólo dejar huella histórica en forma de obra emblemática ó faraónica, y mucho menos, mientras pretende convertir la ciudad en espacio mercantil y mercantilizado: la ciudad como oportunidad de negocio.
La izquierda no conseguirá ganar la ciudad mientras no presente un proyecto atractivo y creíble, que retorne a sus ciudadanos los impuestos pagados en forma de salario social, servicios y actuaciones que mejoran la calidad cotidiana de nuestras vidas. Una ciudad segura, accesible, bien comunicada, con servicios suficientes y donde el empleo y la vida de sus gentes sean el centro de la política.
Uno no pierde la esperanza de ver este modelo en Oviedo.





