Si se hace abstracción de las maniobras propias de todo partido en vísperas de celebrar un congreso y analizamos fríamente las propuestas de Ovidio Sánchez y Fernández Pardo, es fácil concluir que le asiste toda la razón a la dirigente gijonesa. Los órganos recogidos en los estatutos de los partidos son los que deben canalizar los debates y las decisiones internas. Esta regla vale para cualquier periodo, tanto da que esté cercana la celebración de un congreso o que sea antes o después de unas elecciones. Una cosa es que el líder de un partido se reúna con determinados militantes para asesorarse y otra es crear un grupo estable de trabajo que centralice la preparación de un congreso. La táctica de Ovidio Sánchez no es nada inocente, porque si logra vincular a las principales juntas locales en ese grupo de trabajo, el triunfo en el congreso llegará por añadidura.
Fernández Pardo ha discrepado de algunas propuestas, como la de asignarle una compensación económica a Oviedo por ejercer de capital. La dirigente gijonesa considera que estos asuntos deben tratarse en los órganos regulares de dirección. Es difícil discrepar de este planteamiento. Cabe colegir que la presidenta del PP gijonés ha recobrado la independencia de criterio después de haberse plegado a la pintoresca oferta electoral de Gabino de Lorenzo.





