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Puchades
11.04.08 -

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TRAS el revelador caso de la niña Mari Luz de Huelva empieza a llegarle a la Justicia, con mayúsculas, el reconocimiento popular que lleva ganándose a pulso desde los tiempos de Jovellanos. No sería justo, sin embargo, focalizar la atención crítica, exclusivamente, en ese sector, porque la Justicia no es una malformación accidental en el cuerpo de los servicios públicos españoles sino un síndrome más, particularmente notorio en ocasiones, del funcionamiento habitual del dicho cuerpo.

Así, por ejemplo, el Hospital Universitario de Canarias, en Tenerife, duplica las tasas de mortalidad en determinadas prácticas quirúrgicas como acaba de confirmar la auditoria realizada. La Consejería de la cosa dice estar muy preocupada pero, de momento, el único médico despedido es el que denunció la situación.

Aquí, en casa, un conocido médico de atención primaria, más identificado con sus pacientes que con sus compañeros/as de servicio, es expedientado por tan equívoca conducta y desterrado a la tierra oscura que, como se sabe, por estas latitudes empieza en Tremañes.

Estos dos hechos ilustran el principio de cohesión interna que rige el funcionamiento de los servicios públicos en esta España laica en virtud del cual el elemento díscolo debe ser aislado y profilácticamente desactivado a fin de no alterar la armonía del conjunto. Estos procesos depuradores extrañarán menos al observador distanciado o incauto si se interpretan en su adecuado contexto, que culmina en el postulado que sigue, a saber: En España se considera que un servicio público funciona correctamente cuando lo hace a satisfacción de quienes lo prestan y de sus parientes y amigos. El enunciado es extensible a empresas públicas y lo llamo Lema de Pu-chades. ¿Que por qué?. En ho-menaje a Pu-chades.

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