
El presidente cántabro realizó estas declaraciones tras un encuentro con los representantes de la Plataforma en defensa de los intereses del sector ganadero de Cantabria, en el que Revilla incidió en que la situación de los ganaderos debe tratarse como un problema «importantísimo», ya que afecta no sólo al mantenimiento de un sector, sino a la «conservación de una tipología de vida» y de un entorno rural.
Y mientras en Cantabria el presidente se muestra dispuesto a buscar soluciones, los ganaderos asturianos siguen moviendo sus fichas para tratar de defenderse de lo que consideran una postura abusiva por parte de las empresas, a las que acusan de «hacer lo que quieren con los precios». Cerca de cien afectados se reunieron ayer en Infiesto con compañeros de León para tratar de consensuar posturas «y crear una organización al margen de los sindicatos para que el ganadero tenga voz en este conflicto», explicó un portavoz.
Su intención pasa por unir a los ganaderos de toda la cornisa cantábrica (País Vasco, Cantabria, Asturias y Galicia, además de León) «para poder ejercer presión». Recuerdan además que en estas comunidades se produce «entre el 80% y el 90% de la leche de España», por lo que todos unidos podrían paralizar la producción en caso de conflicto. Su intención es estar organizados en una asociación antes de que finalice este mes de abril.
Críticas a las centrales
Los afectados criticaron a los sindicatos por «vendernos todos los días», razón por la que apuestan por crear una serie de juntas ganaderas independientes y coordinadas «lejos de la política y que se centre en defender los derechos de los productores». Uno de los ganaderos explicó que «tanto en León como en la cornisa cantábrica nos han bajado el precio de la leche y como vemos que ni sindicatos ni asociaciones hacen nada por remediar esta problema, hemos empezado a reunirnos para tratar de unirnos y sacar adelante a este sector», ha explicado José María Álvarez. Porque todos están convencidos de la fuerza que pueden conseguir si trabajan unidos. Su objetivo, explican, no es perjudicar a nadie, sino que «el ganadero tenga un beneficio lógico».





