Es que no me puedo ni enfadar, todo me da igual. Tengo las neuronas en huelga. ¿Alguna vez se han sentido así? ¿Sí? ¿No? Es como cargar encima de la chepa con una vaca de cuatrocientos kilos. Ni el peor de los cafés me haría quitarme de encima la vaca. Pero ¿Qué digo! ¿Si ha subido el café! Oh, no Pues esta vez no voy a regatear unos céntimos arriba o abajo por ese 'despertador silencioso', ese ritual que, al menos en Avilés, es casi una obligación: ¿me voy a tomar un café! Da igual el lugar; en esta Villa los hacen 'de maravilla', como la lluvia en Sevilla Enseguida empiezo a despejarme, sólo con pensarlo.
Me voy al centro.Y nada de 'aguachirli', quiero un señor café con su aroma, su espumita ¿ay, ay, ay, que soy otra! Y nada de pagar 80 céntimos, quiero uno sabroso aunque me cobren casi dos euros. Allá voy. Me siento, lo pido con ojos de perro hambriento y ahhh ¿qué bello es vivir! De repente vuelvo a nacer. Qué espectáculo de vida me rodea desde mi rincón en esa terracita.
¿Me marcho, pero ya! Si es que resulta que tenía un montón de cosas de hacer, gente que ver, cosas que hablar. ¿A dónde se ha ido la vaca? Ah a que la ordeñen.





