
«no busco palabras que el lector haya de encontrar en el diccionario. Hablo de sentimientos humanos que pueden ser tan extraordinarios como cotidianos. Y en 'Manarola', también está una reflexión sobre el derecho a decidir, a lo que las personas quieren hacer con su vida sin imposiciones externas».
La novela funde ficción y realidad, partiendo de una experiencia concreta: «La idea se gestó siendo jurado de un premio de poesía. Entre los poemas que se presentaban al certamen, había uno que me produjo pasmo, porque ya lo conocía. Y por ese tiempo, se dio la coincidencia de que me relataron unos acontecimientos insólitos que se acabaron mezclando en el conjunto novelístico». De los premios literarios opina que «se deberían otorgar a una larga trayectoria literaria, y no que se alcance el dinero y la gloria por una sola obra».
Cinque Terre, en Italia, es una de las escenografías de la narración. Y las razones son de peso: «Reúne todas las condiciones para lo que quería llevar al papel. Allí están, sobre los acantilados, algunos de los pueblos más hermosos del mundo. Y he tenido la suerte de contar con amigos que me llevaron con su barco por la línea de costa. Manarola es uno de esos pueblos».
En la sutileza de separar sentimientos y sentimentalismo, para Mª Luisa Prada tampoco caben demasiadas dudas: «En el sentimiento, caben el bien y el mal de forma simultánea. O la tibieza. El sentimentalismo tiende a dibujar en blanco y negro». Más allá, está la imaginación, a la que concede gran importancia: «Es como en la vida misma. Sin imaginación, no hay proyecto».





