Eso sí ideas y aportaciones que se verán con el tiempo, porque ayer al nuevo presidente le pareció «presuntuoso» hablar de planes concretos, como qué tiene pensado para colmar los deseos de lograr una sede permanente, tras la salida inminente de Villa Magdalena, o en qué se traducirán sus «magnificas relaciones internacionales», en las que hizo especial hincapié su antecesor, Álvarez Rendueles, para marcar una de las virtudes de su perfil presidencial.
A la primera cuestión contestó con un «es prematuro. De momento, nos atenderemos al plan director diseñado con presupuesto y funciones concretas para este 2008. Decir otra cosa sería una improvisación», algo de lo que huye. Y para dar respuesta a la segunda, expresó que la Fundación ya «ha logrado una equilibrio en la proyección internacional y nacional y no creo que sea necesario acentuar ninguna de las dos dimensiones».
Pilares adecuados
«Nuestra gran prioridad es mantener ese equilibrio», añadió, poniendo en escena otro de los conceptos que describirán su trayectoria. El economista, que fue ministro en tiempos de la Transición, toma, por tanto, el testigo que le deja José Ramón Álvarez Rendueles, asumiendo que los pilares son perfectos, pero anunciando que no tiene ninguna intención de «caer en la complacencia», a la que podría invitar que la Fundación esté viviendo un presente de absoluta bonanza.
Asimismo hay, dijo Inciarte, que hacer «las cosas a su ritmo». Sentencia que apoyó con una cita de Gregorio Marañón: «La rapidez es una virtud, pero hay que evitar que degenere en prisas».
Sentadas las bases del que será su mandato, el nuevo presidente de la Fundación manifestó, ante la atenta mirada de su predecesor -al que debe su candidatura, ya consolidada en cargo-, que ante todo quiere que «la Fundación siga siendo un orgullo» para España y para Asturias. «Recojo el testigo», añadió, de «unas personas que han hecho una labor excelentísima».
En su intervención agradeció al Patronato su confianza, recordando que uno de sus primeros movimientos como presidente electo fue comunicar al Príncipe de Asturias «su agradecimiento por acoger la propuesta de mi candidatura», así como por su «constante afecto e impulso decisivo sin el que no estaríamos donde estamos». Elogió, asimismo, Rodríguez Inciarte la figura de sus predecesores por haber sabido llevar a la Fundación a altas cotas de «independencia» y «modernidad», logros que puso en haber de Plácido Arango y de Rendueles, respectivamente.
A éste último también otorgó el hecho de haber conseguido «dotar a la institución de un sistema de gobierno propio de las mejores fundaciones del mundo», sin olvidar que a él «se le deben las difíciles propuestas de cambio que llevó adelante».
No olvidó tampoco el cuarto presidente de la historia de la Fundación que cumple este año 28 inviernos, elogiar la labor «discreta y callada del director de la Fundación, Graciano García», del que reconoció su trabajo incansable y constante. También habló de la princesa Letizia en los mismos términos de apoyo a la Fundación y del ex jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández-Campo, «presente en esta aventura desde los comienzos».
Pero no todo fueron palabras de afecto, el recién estrenado presidente de la Fundación se vio obligado a contestar sobre si su condición de vicepresidente del Banco Santander Central Hispano tendrá alguna traducción en la etapa que comienza. Tras manifestar que desconocía que alguien hubiera tenido dudas en este sentido, «ya que fui elegido por aclamación», recordó que su papel, al igual que el resto de presidentes, será el de mantener una «total lealtad a los estatutos de la institución», a lo que añadió: «Sé distinguir perfectamente los planes de actuación entre un ámbito y otro».
Felicitaciones
Ya como presidente Rodríguez Inciarte no sólo mantuvo una conversación telefónica con el Príncipe de Asturias. También quiso abrir una ronda de contactos con las máximas autoridades de la región. Así se entrevistó durante el día de ayer con el presidente del Principado y los alcaldes de Gijón, Oviedo y Avilés.






