
«Hemos dormido bastante mal, aunque no queda más remedio que levantarse». Las palabras del jugador de La Felguera hablan de un conjunto irreductible de espíritu y trabajo. Apenas unas pocas horas después de recibir un castigo excesivo para el poco fútbol mostrado por el clásico alemán y a pocos días de un nuevo compromiso: la final de la Copa del Rey ante el Valencia.
Mario Cotelo tiene 33 años y su pinta es la de un futbolista trabajado y veterano del balompié -Sporting, Badajoz, Sevilla, Las Palmas y, desde 2003, Getafe-. El asturiano, copartícipe de la irrupción del Getafe en Primera y en Europa, asume con resignación lo sucedido, pero pasa página con una inusitada frialdad. «Estamos todos igual. Hay que ver la parte positiva, saber lo que se hizo bien. No hay tiempo para distraerse y lamentarse. Tenemos otro partido el domingo y otro el miércoles. Estamos con la salvación en juego. Hay que tener la cabeza alta y pelear».
El centrocampista revolucionó a su equipo desde su salida por el rumano Contra. Fresco desde el banquillo, dio aire a sus compañeros, fue el autor del pase que permitió a Braulio poner aquel mágico 3-1 en el marcador y se convirtió en, bien a su pesar, protagonista en la jugada del último gol de los hombres de Ottmar Hitzfeld, en la que fue empujado claramente por Oliver Kahn, por lo que, en su opinión, no debió subir al marcador.
Si el incombustible portero germano eludió cualquier pregunta sobre la jugada polémica, no lo hizo el de Langreo. Claro y directo en sus palabras. «Son jugadas que vas al límite, sabes que estas en los últimos minutos», dijo Cotelo. «Yo despejo el balón, él me empuja y sí me hace falta. Quizá si no hubiera despejado hubiera pitado el final. Pero hay que mirar hacia delante, todos sabemos que lo hemos dado todo», continuó el futbolista del Getafe.
Los nubarrones que sobrevolaban ayer la Ciudad Deportiva del Getafe estallaron y mojaron sin piedad el césped del campo de entrenamiento del equipo que representa al sur de la Comunidad de Madrid. Después de una charla de Michael Laudrup, comenzó la carrera alrededor del campo. Al principio, los futbolistas, algo cabizbajos, completaban las vueltas sin demasiada pasión. Después, la hinchada del Getafe comenzó a aplaudir a la plantilla madrileña cada vez que pasaban por delante del graderío. La aparición de Ángel Torres en el último momento del entrenamiento acabó por levantar la moral de los jugadores.
Segundos después, ya en la sala de prensa, Cotelo cambiaba el semblante y sentenciaba: «El miércoles hay que dar un golpe encima de la mesa y ganar la Copa. Lo merecemos».





