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«Ya tenemos la bendición de los dioses»
El himalayista y bombero gijonés Nacho Orviz narra, en su diario de expedición para EL COMERCIO, la tradicional ceremonia de la Puja llevada a cabo en el campo base del Dhaulagiri y la primera incursión del grupo en el 'ochomil' del Nepal. Ya han alcanzado el campo uno.
12.04.08 -

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«Ya tenemos la bendición de los dioses»
CEREMONIA. Nacho Orviz, poco antes del inicio de la tradicional Puja para bendecir la expedición. / E. C.
Martes, 8 de abril. Hoy era el día elegido para la ceremonia de Puja: sol radiante y cielo despejado. Sólo con estas premisas el lama (monje budista) puede celebrarla. Desde muy temprano se procede al ritual, nuestros sherpas van preparando el 'chorten', el túmulo de piedras donde se depositarán las ofrendas a los dioses. Es una labor minuciosa que se realiza con delicadeza. A eso de las diez de la mañana aparece el lama con sus escritos de oraciones y se sienta delante del 'chorten' comenzando a murmurar un sinfín de oraciones. Parece aislado del mundo. El resto vamos acudiendo al lugar de encuentro con algún objeto personal de escalada para que sea bendecido y para que mientras dure nuestra estancia en la montaña nos proteja de cualquier peligro.

Nos concentramos en torno al orador y observamos sus gestos, así como la retahíla de palabras que salen de sus labios. Estamos todos los miembros de la expedición, incluidos los cocineros y los porteadores. También han venido nuestros amigos montañeros rusos, Valery Babanov y Nicolay Tomjamnin, que se encuentran en nuestro campo base aclimatándose antes de acometer su escalada por la cara Oeste del 'Dhaula'. Ellos ya celebraron su Puja en su campo base, pero nos acompañan y disfrutan con este ritual tan especial.

Al concluir oraciones llega el momento de la ofrenda, en la que participamos todos los asistentes más directamente. El lama nos ofrece porciones de arroz y harina que lanzamos al aire para que los dioses las reciban. Mientras tanto, los sherpas van desplegando las banderas de oraciones, que se anclan en cuatro puntos diferentes y ondean al viento para propagar las oraciones que llevan inscritas. Es un espectáculo de color y sonido muy entrañable. Finalmente se explota en júbilo y todos nos embadurnamos de harina mientras nos abrazamos y estrechamos deseándonos la mejor de las suertes en nuestro camino hacia la cumbre. También se toman algunas bebidas y terminamos con las filmaciones y fotos de rigor. Ahora ya podemos adentrarnos en la montaña.

Mañana iniciaremos el camino hacia el campo uno. Nuestra idea es salir temprano y empezar a escalar el comienzo de la ruta fijando algunos tramos con cuerda. El inicio es una especie de corredor bajo la pared del Eiger, de unos doscientos metros, que después deberemos abandonar para realizar una travesía de otros doscientos metros que nos irá introduciendo en el glaciar de la cara Nordeste. Nuestra idea mañana es fijar y marcar la ruta hasta el campo uno (a 5.800 metros de altitud), dejar algo de material y regresar al campo base por la tarde. En cualquier caso, todo dependerá de las condiciones de la ruta.

LA VISITA DE UN ALUD

Miércoles, 9 de abril

Nos tocaba empezar a movernos en la montaña y así lo hicimos. Previamente, habíamos preparado todo el material que necesitaríamos para equipar la parte inicial de la ruta y también lo que subiríamos hasta el campo uno. Ayer por la tarde dejamos todas nuestras mochilas lista.

Hoy nos levantamos a las cinco y media de la mañana y después de desayunar nos metimos en el glaciar que da acceso al comienzo de la ruta. Vamos bastante cargados con cuerda, estacas, tornillos y clavos para iniciar la escalada. Habíamos hablado previamente de dividirnos en dos grupos con el fin de ser más operativos. Delante vamos un cuarteto (Iván, Álex, Fernando y yo) y a la vez que escalamos fijamos cuerda para el grupo siguiente (Edurne, Asier y Ferrán).

Así escalamos unos cuatrocientos metros y lo dejamos equipado para nuestros compañeros, que vienen detrás. Tras esta sección nos juntamos todos en la parte superior del glaciar y comenzamos la lenta ascensión en dirección al campo uno. La nieve está blanda y hay que abrir huella hasta la rodilla. Además, se nos forman los conocidos zuecos, que en este caso son superzuecos. Nos vamos turnando en la tarea de abrir.

El día es espléndido, pero hace demasiado calor y con la poca aclimatación que tenemos se nos presenta el trabajo bastante penoso. Subimos a ritmo lento con una monotonía que sólo se rompe cuando oímos un estruendo. Miramos a nuestra derecha y observamos un 'serac', un bloque de hielo que se desprende y provoca un alud al arrastrar la nieve que encuentra en su caída. Va avanzando hacia nosotros. Algunos no estamos en la línea de barrido, pero los últimos tienen que acelerar el ritmo para esquivarlo. Finalmente, sólo la nube de polvo nos alcanza ligeramente y proseguimos la marcha. La pendiente se hace más pronunciada y las piernas acusan el cansancio de la nieve pesada. La altura también juega su papel y poco a poco la fatiga se hace notar. Por fortuna, el camino que queda cada vez es menor.

Sobre las tres de la tarde ya alcanzamos el emplazamiento de lo que será nuestro campo uno. El tiempo empieza a torcerse, como siempre en el Dhaulagiri. Entran muchas nubes y viento y la temperatura cae en picado. Hay que abrigarse cuanto antes y empezar el descenso. Dejamos toda la carga que traemos (tiendas, gas...) y rápidamente nos tiramos para abajo. En dos horas y media estamos casi en el campo base. Está tronando, pero ahora ya estamos en nuestro 'hotel'.

Al alcanzarlo comprobamos que han llegado más expediciones (checas, polacas y suizas). Este campo base ya es una pequeña ciudad.

UN SHERPA ENFERMO

Jueves, 10 de abril

Anoche, nuestro médico atendió a uno de los sherpas de la expedición del aragonés Carlos Pauner, que tiene síntomas de un edema cerebral ligero. Le administró una inyección de Fortecortin y parece que se recupera. Esta mañana se encontraba mejor, aunque no se descarta que haya que evacuarlo.

Nuestro próximo plan es subir al campo uno para pernoctar y continuar con la aclimatación. Y, si es posible, escalar hasta el campo dos para ir equipando la ruta. Esto nos llevaría dos días y después, descenso hasta el campo base y descanso. Las previsiones del tiempo son de empeoramiento a partir del sábado.

Quiero enviar desde aquí un mensaje de ánimo para mi compañero de trabajo J. M. Rubiera, que hace unos días fue sometido a una delicada operación. ¿Saludos, Gijón!

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