Desde el círculo de colaboradores y dirigentes afines a Ovidio Sánchez se interpreta la posición de Fernández Pardo como una defensa de sus ambiciones políticas, que se ven minadas por los cambios organizativos impuestos por Ovidio Sánchez. En los debates internos de los partidos siempre se superponen los elementos objetivos de discusión con los personales o subjetivos. Los que mandan hablan en nombre de los intereses del partido, pero los que critican lo hacen en función de metas personales inconfesables. Es una doble vara de medir que se aplica en todos los grupos políticos. Seguro que Fernández Pardo tiene ambiciones políticas, pero no son menores las de Ovidio Sánchez, que se prepara para revalidar el liderazgo de la organización.
La argumentación de Fernández Pardo es inobjetable, ya que no se puede hablar de renovación en un partido prescindiendo de sus órganos estatutarios y sustituyéndolos por otros nutridos por cooptación: el viejo método organizativo leninista, que consiste en escoger desde arriba a los representantes de la base. Formar un grupo de notables, que tiene en común la fidelidad a Ovidio Sánchez, no es la mejor manera de renovar el PP. Esta forma de proceder ha coincidido con la atrabiliaria reaparición de Gabino de Lorenzo en la escena política, condicionando la reforma del Estatuto de Autonomía a la obtención de un estatus económico privilegiado para la ciudad de Oviedo. Demasiadas extravagancias para un partido que pretende gobernar.





