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Sociedad

CRÍTICA DE TV
Gol
12.04.08 -

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DE siempre ha sido hábito de las señoras citarse para echar unas risas a cuenta de las cosas que dicen sus parejas (masculinas) cuando ven un partido de fútbol. Hay toda una jerga del tópico futbolero que daría para fundamentar un idioma entero y que, asombrosamente, no pasa de moda. La otra noche, en la retransmisión del Getafe-Bayern de Munich por Antena 3, la acumulación de tópicos rozó la sobredosis. Fue, como es sabido, un partido impresionante, de esos que los aficionados recuerdan durante años, y el trabajo de Antena 3, muy bueno, no desmereció del acontecimiento.

Pero no por ello pasó desapercibido el carácter irreductible de la jerga futbolera, inasequible en su doble envoltorio de contradicción y lugares comunes. Pasemos por alto las infracciones de la más elemental parcialidad (por ejemplo, ese penalti del Getafe al Bayern transformado en «un toquecito a Toni para que no pueda saltar»), porque la ocasión no estaba para tafetanes. Pero es que, cuando el Bayern empató el partido a un gol, Camacho sentenció: «Estos equipos tan grandes tienen la suerte de los campeones». Esta es una expresión muy socorrida que, sin embargo, presenta lagunas graves, porque, ¿qué ocurre cuando un campeón no tiene suerte? Camacho trataba de explicar el recurso al tópico: la «suerte de los campeones» consiste en que «en el minuto 88 te meten un gol cuando normalmente no lo tienen que meter». La confusión permanece: ¿Por qué no lo tienen que meter? ¿Qué significa 'normalmente'? Al final, ¿los campeones son tal porque tienen suerte, o tienen suerte porque son campeones? Si no tienes un poco de suerte, no llegas campeón, pero cuando eres campeón, además tienes suerte ('la suerte de los campeones').

¿Y qué fue antes, el huevo o la gallina? El tópico futbolero nos lleva a un razonamiento circular sin escapatoria. A partir de ahí, como una cosa y su contraria pueden ser válidas simultáneamente, la narración puede prescindir de cualquier coherencia lógica. Reanudado el partido en la prórroga, el locutor, conmovido, proclama: «Esto es la grandeza del fútbol». Y lo es, ciertamente. Pero en la segunda parte, va el Bayern y marca otros dos goles, dos, en cuatro minutos. Ahí es cuando el locutor podría haber sentenciado: «Lo dicho: la grandeza del fútbol». Pero no. En vez de eso, dijo: «Esto no es justo». Ah, vaya. ¿Y por qué? Parafraseando al presidente del Getafe, podríamos decir que en la vida hay cosas mucho más injustas, como el hambre en el mundo.

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