Todos los alimentos son básicos en ciertas naciones y no les consuela saber que el Banco Mundial señala como causante de la crisis a los biocombustibles. Lo cierto es que las cosas de comer han subido un 48% desde finales de 2006, lo que no es poco, sobre todo si se tiene en cuenta lo que valían antes. En nuestro país no llegan a ese extremo las cosas. La situación es desesperada, pero no grave. De momento la CEOE sólo pide que no se dañe a las empresas con nuevas cargas sociales y que, por favor, no se eleve el salario mínimo. En las épocas de penuria son los pobres los que están obligados a dar ejemplo de austeridad por la sencilla razón de que son más. ¿Qué sentido tendría rogarle moderación a quienes viven en la opulencia, que son relativamente escasos? Lo que verdaderamente repercute en las arcas del Estado es no subirle ni un puñetero euro a quienes gozan del salario mínimo.
Confiemos en nuestra clase política. Los barones, con be, y la mujer, con a de Aguirre, acabarán por entenderse, y Zapatero terminará de elaborar su paquete de medidas, que será gordo. El papel de los demás es sólo el de porteadores.





