
La curiosidad ha podido con algunos funcionarios que se han excedido en sus funciones y ahora el Ministerio del Interior ha abierto una investigación interna para conocer por qué razones hay agentes que han usado su clave para acceder a la ficha policial de la tonadillera. Datos que forman parte de un sumario judicial, son privados y han ido a parar a las páginas de varios medios de comunicación.
Las agentes han recibido órdenes muy claras: deben rellenar una minuta y explicar qué investigación, diligencia o escrito motivó esa consulta en las horas y días posteriores al arresto de la famosísima folclórica el 2 de mayo del año pasado.
Los funcionarios acudieron a los ordenadores de su puesto de trabajo para entrar en las bases de datos que contenían su ficha. En el caso de los policías se trata del conocido como programa Argos, al que se accede introduciendo una contraseña, lo que permite que esa consulta y el ordenador desde el que se realizó queden almacenados en el Centro de Proceso de Datos que la Policía tienen en la localidad madrileña de San Lorenzo de El Escorial.
Mera curiosidad
Ahora, tras verse publicados los datos de la Pantoja en la prensa rosa, un juez ha ordenado una investigación porque asegura que se conocen la fecha, el usuario y la dirección IP desde la que se realizó la consulta del dato 1817603560, es decir, la reseña policial de Isabel Pantoja.
Él o los policías que estén detrás de este incidente podrían haber incurrido en un delito de revelación de secretos. Pero tras conocerse que el juez está dispuesto a tirar de la manta, algún agente ya se ha apresurado a alegar que la suya fue mera curiosidad ante el arresto de un personaje tan popular. Más difícil será comprobar quién vendió los datos a las revistas.
Isabel Pantoja fue detenida por su supuesta implicación en varios delitos contra la Hacienda pública y de blanqueo de capitales. Como a cualquier detenido, la Policía la fotografió de frente y de perfil para completar su reseña, unas imágenes que días después aparecieron en la prensa rosa.





