
A principios de año, por seguridad, se procedió a la renovación del sistema eléctrico del monasterio. Fue al hacer huecos en el falso techo de escayola cuando se descubrió que la techumbre de madera estaba completamente afectada por la carcoma y se descubrieron los daños en la estructura.
La comunidad religiosa -radicada en la Villa desde 1694- contrató entonces a una empresa palentina para que fumigara el monasterio, construido a principios del siglo XVIII gracias a la aportación económica de Pedro Peón. Esa primera fase del tratamiento contra la carcoma supuso 6.000 euros, pero aún queda una segunda y posiblemente una tercera fase.
La madre abadesa reconoce que «el problema no sólo está en la carcoma. Es que hubo que derribar la mayor parte de los techos para poder colocar nuevas vigas y refuerzos de otras de hierro, lo que alargará el tiempo y el coste de las obras, de las que no se puede hacer un presupuesto orientativo, porque no sabes con lo que te vas a encontrar».
La congregación de las Clarisas, la única existente en Asturias, se autofinancia, con su taller de costura de ornamentos litúrgicos, lavado y planchado de ropa de iglesias, ademas del taller de encuadernación, que les da para subsistir. No reciben ninguna subvención, pero ante la gravedad de la situación, desde el Ayuntamiento se tratará de recabar ayuda. Próximamente se abrirá un cuenta bancaria en la que vecinos, instituciones y empresas puedan realizar sus aportaciones. Las Clarisas esperan que la comarca responda a esa llamada.





