Es el Avilés del siglo XXI, el Avilés que insiste en el compromiso de ganar su ría, el Avilés que apuesta por hacer compatible, lejos de hostilidad, industria y ciudad habitable en lo que es confort para quien en ella moran. El Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer es el arranque. La referencia de un espacio de 572.000 metros cuadrados que suman la zona sur de la dársena de San Agustín, el degradado conjunto del entorno de Divina Pastora y las referencias viales de la carretera de Gijón, Marqués de Suanzes, Plaza de lo Oficios y calle del Muelle, hasta Los Telares y que, sumados al proyecto que contempla el plan redactado por la Fundación Metrópoli, harán posible ese cambio de imagen del Avilés que se quiere y que si hay unión de voluntades, personas e instituciones será posible.
Un proyecto tentador, largo en el tiempo, complejo en su aspecto técnico y costoso en la exigencia de recursos de financiación. Pero el momento tenía que llegar. La primera fase de ese sueño, que fue anunciado hace dos años y casi tres meses, es posible. Ya se puede tocar con la mano. Ayer se escenificó con la colocación de la primera piedra y el compromiso del inmediato arranque de unas obras que tienen veinticuatro meses de plazo para pisar la meta.
Allí, en la margen derecha, a tiro de piedra del remozado puente de San Sebastián, sobre una parcela de más de cuarenta y cuatro mil metros, se edificará el complejo cultural que el arquitecto brasileño ha querido que sea para esta villa. Un acto con emoción, como momento que tenía que llegar y que asegura la proyección internacional de Avilés y de Asturias.
Un cofre con los números del día de los cuatro periódicos asturianos, una copia del Fuero de Avilés, son notarios y guardianes de esa primera piedra. Alegría, emoción y compromiso definen lo vivido en una desapacible mañana primaveral y que un día, esperamos no lejano, sea parte de una isla. Una isla de unión, porque una ciudad del agua, y Avilés es ciudad del agua, está y estará indivisiblemente unida a su ría.





