Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Avilés

ANÁLISIS
Una cáscara con yema
13.04.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Cuando se presentó la rehabilitación/restauración del Palacio de Camposagrado para convertirlo en sede de la Escuela de Arte y a pregunta de un periodista pidiendo mi opinión sobre la obra, respondí que por mí, y con tal de evitar la pérdida de una de las joyas de nuestra arquitectura urbana, como si lo dedicaban a casa de lenocinio. La respuesta se publicó en una versión mitigada y ahora, a raíz de lo que considero como uno de los hechos que inevitablemente transformarán Avilés, como lo es la puesta en marcha de las obras del futuro Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, me apetece exteriorizar la misma o parecida ocurrencia -por no decir 'boutade' que quedaría más internacional- en la certeza de que la figura retórica encajaría, de nuevo, perfectamente.

A estas alturas del proceso, cuando aún desconocemos casi todo excepto su configuración exterior, muchos se están preguntando qué es lo que el edificio va a contener; si hiciese caso a mi primer impulso diría, con una expresión chabacana, que me importa un huevo. De momento, en un plazo que ansío breve, lo más breve posible, sé que a escasos metros de un milagroso casco histórico -y utilizo el primero de los adjetivos con plena consciencia- va a levantarse una obra de uno de los más grandes arquitectos del siglo XX. ¿Quién podría imaginarse que en Avilés íbamos a tener una pirámide de Cichén Itzá, un Taj Mahal, una Torre Eiffel o, por aproximarnos a su mismo autor, una Brasilia? Todas ellas edificaciones, junto a otras muchas de la arquitectura universal, que no es necesario saber lo que contienen porque, en sí mismas, ya ejercen un poder de atracción. Y si además, como va a ser el caso del Centro Niemeyer, se les dota de un contenido, el que sea, se convertirán en el potente imán en el que todos deseamos que se transforme.

Por lo que conocemos, uno de los elementos que configurarán el conjunto recuerda, antes por su ornamentación que por su forma, a un huevo. Quizá por eso lo primero que me vino a la boca, ese primer impulso del que antes hablaba, fue lo del huevo. Efectivamente, ese centro va a ser, debe ser, primero un foco atractivo que desde su fuerza fecunde ese potencial núcleo generador de una nueva vida que es el huevo. Hasta el momento, a los avilesinos nos ha tocado movernos. Estoy seguro de que, a través del Niemeyer, habrá desplazamiento en sentido contrario.

| Comparte esta noticia -

¿Qué es esto?

Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS