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«El alzamiento contra los franceses constituyó un cambio de era», dice Francisco Carantoña
13.04.08 -

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Eran las cinco de la tarde del día 5 de mayo cuando la estafeta de la calle Corrida, entonces llamada de la Cruz, congregaba a su alrededor a decenas de gijoneses ansiosos ante la llegada del correo. Al historiador gijonés Francisco Carantoña Álvarez no le resulta difícil situarse en aquella escena. Imaginar doscientos años después cómo ocurrió todo es un ejercicio mental continuo para el desarrollo de sus investigaciones sobre este episodio histórico. Indagaciones iniciadas ya con su tesis publicada en 1989 bajo el título 'Revolución liberal y crisis de las instituciones tradicionales asturianas' y que se basan entre otros en los documentos y expedientes de la época conservados en el Archivo Histórico Nacional, además de en obras de contemporáneos como la de Ramón Álvarez Valdés, 'Memorias del levantamiento de Asturias en 1808', publicadas en 1889.

A un mes escaso de la conmemoración del bicentenario de esos acontecimientos, el profesor Carantoña recuerda lo sucedido: «La gente esperaba el correo y entre el grupo de personas que estaba en la estafeta se encontraba también el cónsul francés, Lagoniere, quien recogió unos panfletos que le enviaban desde Francia a favor de Napoleón y Carlos IV y en contra de Fernando VII. Después desde su casa comenzó a arrojarlos por la ventana para que llegaran a las gentes», comenta.

La intención de esos pasquines, dice el profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de León, era la de ir configurando una corriente de opinión entre el pueblo a favor de los franceses, pero lo que no imaginaba entonces el diplomático francés es que los gijoneses se indignarían tal y como ocurrió. Quienes habían leído los pasquines hicieron correr la voz y el malestar se hizo general hasta el punto de que durante dos horas un grupo de espontáneos apedreó el Consulado sin dejar una sola ventana en su lugar.

El incidente comenzaba radicalizarse cuando el juez Toribio Junquera Huergo llegaba al lugar acompañado de fuerza armada, ponía orden y decidía proteger la casa del cónsul. «El incidente no pasó de eso, de un pequeño motín, pero fue considerado grave como lo demuestra el hecho de que el comandante de armas Joaquín María Velarde convocara la junta de oficiales y pidiera tropas a la Audiencia que a su vez comunicó lo sucedido al Consejo de Castilla». Los hechos quedaron ahí pero sirvieron para que calara en toda Asturias un sentimiento de desconfianza hacia los franceses dado que se empezaba a intuir que las intenciones de Napoleón eran las de intervenir en la política española.

Estallido el 25 de mayo

Durante unos días, los gijoneses regresan a lo que podría denominarse una tensa calma hasta el 9 de mayo cuando los acontecimientos que tendrán lugar en Gijón y en Oviedo de forma simultánea pasarán a la historia como una verdadera sublevación. De nuevo el correo hará saltar la chispa. «Las noticias que llegan cuentan lo sucedido en Madrid el 2 de mayo y el bando de Murat confirmando la represión francesa y el recorte de libertades». La noticia corre como la pólvora entre particulares y algunos exaltados ni siquiera permiten a las autoridades leer los bandos oficiales. Durante cuatro días la Junta provincial se mantiene firme y por primera vez trata de organizar un ejército. Además entra en contacto con Santander, Galicia y León, pero se da cuenta de que no hay respuesta, «de que están solos», sostiene Carantoña.

Se produce entonces una marcha atrás. El día 13 se requisan las armas que habían sido distribuidas, se cierra la Universidad y al mismo tiempo se envía un informe a la Junta de Gobierno en Madrid, explicando que la situación ha sido encauzada. En el fondo había temor a represalias. De hecho, el historiador gijonés, recuerda que había un sector inseguro que consciente de la debilidad frente a los franceses prefería apaciguar los ánimos.

Otros, sin embargo, como el Marqués de Santa Cruz, el Conde de Toreno, y el juez primero de Oviedo, José María García del Busto, a quienes Carantoña define como «patriotas radicales», mantendrán el espíritu de rebeldía frente al invasor y poco a poco preparan los acontecimientos que tendrán lugar la madrugada del 24 al 25 de mayo y que cambiarán el rumbo de la Historia. Al menos, el rumbo que Napoleón había diseñado para los españoles. «Los rumores sobre las abdicaciones del 20 de mayo en Bayona van a ser el detonante de la actuación. Este comité de patriotas comienza a aglutinar gentes, muchos campesinos y se producen algaradas y delitos en toda Asturias hasta que se da la orden de ocupar Oviedo esa misma madrugada. Lo que sucedió en Oviedo fue un golpe de mano ante la Audiencia a cuyo comandante general le obligarán unirse frente a los franceses o sería destituido».

La respuesta frente a los franceses se repite paulatinamente en todo el país que ve cómo sus esperanzas de contar con un Rey joven que regenerase la situación como se pensaba que haría Fernando VII se esfumaba. Así, comenzó, dice Carantoña, «la edad contemporánea y así acabó el Antiguo Régimen. Fue un cambio de era».

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