
Si este escenario sólo le afecta a usted, la cuestión es seria en el terreno particular, pero intrascendente en términos globales. Cinco menús menos en un restaurante no amenazan la industria cervecera nacional y un turismo menos tampoco desatará la quiebra de concesionario alguno. Sin embargo, si un sentimiento similar afecta a 40 millones de españoles o a 250 millones de europeos, la cuestión es realmente trascendente, porque el consumo se contraerá de forma significativa y se desatará una crisis en cadena. En esas estamos, después de que el pasado verano sonasen los primeros signos de alarma en Estados Unidos.
LOS ORÍGENES
Crisis de confianza financiera
El descubrimiento de que muchos bancos norteamericanos habían prestado dinero para la compra de viviendas a clientes de dudosa solvencia y que habían extendido el virus por medio mundo vendiendo participaciones en esos créditos, desató el pasado verano una crisis en el sistema financiero que aún no se ha superado. En España, los bancos no concedieron ni compraron este tipo de créditos. No obstante, la crisis de las 'hipoteca basura' sí les puede afectar porque hay menos dinero en el sistema, y por tanto, más dificultades para encontrar fondos en los mercados internacionales. El crédito se ha contraído y los bancos no están dispuestos a prestarse entre sí. Este fenómeno ha provocado un aumento de los tipos de interés, lo que reduce la renta disponible de las familias.
No obstante, el catedrático de Economía Financiera y decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Oviedo, Francisco González, subraya que los problemas a los que asistimos «no son estrictamente financieros; son problemas de economía real». En este sentido, apunta a la crisis del sector inmobiliario en España: «Está detrás del aumento del paro en España y de la quiebra de las constructoras, y es lo que realmente erosiona la solvencia de las entidades financieras». Añade que «esta situación -que habría que resolver con la búsqueda de un nuevo modelo de crecimiento que incida más en la productividad- coincide con otros factores como el incremento de la demanda de los productos energéticos y alimenticios por los países 'emergentes' (con la consiguiente repercusión en la inflación), y la menor oferta para atenderla por los efectos del cambio climático». «Tampoco hay que olvidar -afirma- la aparición de nuevos competidores en el contexto internacional».
LAS PREVISIONES
En permanente revisión
Con este cúmulo de factores, «es muy difícil saber cuál es el límite temporal y de alcance de esta crisis», indica el decano de la facultad de Económicas. «Estamos ante un cambio que no es coyuntural y que no se resuelve en el corto plazo», agrega. Prueba de la gran incertidumbre que existe, «es la volatilidad de los precios en los mercados financieros y la frecuente revisión, por parte de los organismos internacionales de las expectativas de crecimiento y de inflación», dice González.
Hace tan sólo unos días, el Banco de España o el panel de expertos que elabora un análisis de coyuntura para la fundación Funcas rebajaban de forma considerable las estimaciones de crecimiento de la economía española. Si el pasado mes de octubre el Gobierno preveía que crecería el 3,3% este año, ambos informes sitúan la tasa de evolución del PIB para 2008 en torno al 2,4% y en torno al 2,1% en 2009. «Yo soy más pesimista -advierte Juan Iranzo, responsable del Instituto de Estudios Económicos- y creo que en el último trimestre de este año el crecimiento de la economía española se situará ya por debajo del 2%. Eso significa que habrá destrucción neta de empleo».
VUELVE EL FANTASMA DEL PARO
La locomotora se para
Las estimaciones de crecimiento son, entre otras cosas, el termómetro para valorar si habrá más o menos gente trabajando a finales de año y, en consecuencia, si el mercado laboral será lo suficientemente dinámico como para absorber las nuevas incorporaciones. Todo parece indicar que no y las previsiones apuntan a un aumento de la tasa de desempleo. Si en la actualidad de cada 100 personas que trabajan o están en disposición de hacerlo, 8,2 están en paro, el próximo diciembre esa tasa se situará en torno al 8,8%.
«Siempre que disminuye el crecimiento, el paro aumenta y el primer ajuste se produce en los contratos temporales, que se concentran, sobre todo, en el colectivo de inmigrantes», dice González. Además, indica que si hay que elevar la productividad para seguir creciendo, cuanto menos cualificado sea el trabajador, más perjudicado resultará en el mercado laboral. «Ahora bien, si hay que apretarse el cinturón y hacer una contención salarial, los que están más dispuestos a hacerlo son los inmigrantes», sostiene el catedrático.
EL CONSUMO
Cuestión de confianza
El aumento experimentado por los tipos de interés ha hecho que las familias -la deuda de los hogares asciende a 900.000 millones-, tengan menos dinero disponible, al tiempo que la espiral de desconfianza se impone y anima las restricciones en el gasto.
Hacienda ya ha reconocido que los ingresos fiscales de enero -los pagos al fisco son trimestrales y los del primer mes del año son un reflejo de lo que ha sucedido en la economía en el último trimestre del ejercicio anterior- registran un recorte del 8,2% en el caso del IVA, muy ligado al consumo. Todo parece indicar que cuando se conozcan los datos de abril la tendencia a la baja se consolidará. El dato de venta de vehículos durante el primer trimestre del año, con un descenso del 15,3% en comparación con el periodo enero-marzo de 2007, es un claro síntoma de que los españoles cierran la cremallera de los bolsillos.
La inversión empresarial sigue la misma tónica. Si bien la industria parece librarse de momento de los efectos negativos de la crisis, también lo es que la mayor parte de las empresas han puesto en el 'congelador' sus proyectos de inversión.
LAS RECETAS
¿Y ahora qué?
Con estas circunstancias, el profesor Francisco González indica que hay dos tipos de discurso para hacer frente a la situación. El primero sería la contención salarial para luchar contra la inflación y ser más competitivos con países extranjeros cuya principal ventaja son los bajos salarios. La segunda receta y mucho más ambiciosa sería la de incrementar la productividad, elevando la inversión en Investigación y Desarrollo.
A estas propuestas genéricas que están en el debate, el profesor añade una reflexión: cree que habría que «hacer reformas estructurales en segmentos concretos del mercado, como el de la intermediación del sector agroalimentario, para ganar competencia» y reducir, así, el diferencial de inflación que existe en España y la zona euro.
Asimismo, no es partidario de que se bajen los tipos de interés, puesto que con una inflación del 4,5% en España y un tipo de interés de referencia fijado por el Banco Central Europeo del 4%, los tipos de interés reales (el tipo de referencia menos la tasa de inflación) son negativos en España. «Bajar más los tipos supondría la desaparición de los incentivos al ahorro y a la inversión y un aumento de la inflación. Perjudicaría a las capas sociales más pobres», afirma González.
En este contexto, añade que las rebajas fiscales anunciadas por el PSOE contribuyen a incrementar más la inflación, lo que «va en contra de la filosofía del BCE». En su opinión, esta propuesta debería hacerse de «una forma más estructurada y reflexionada porque no ataca el problema de fondo». En la misma línea, Juan Iranzo ve imprescindible poner el foco de atención en la mejora de la competitividad de la economía española.





