
Para responder a ella, dijeron apoyar «enérgicamente» el plan elaborado por el llamado Foro de Estabilidad Financiera, que contiene medidas para aumentar la transparencia de los mercados, el control de los principales bancos del mundo y una mejor gestión del riesgo. Además, resaltaron la importancia de la acción coordinada de los bancos centrales para evitar «trastornos» en los mercados. «Cada uno de nosotros sigue comprometido con la toma de medidas, individual o colectivamente», para responder a la emergencia financiera. No mencionaron, sin embargo, la posibilidad de usar fondos públicos para rescatar a los bancos más afectados por la crisis, que podría ocasionar pérdidas por valor de casi un billón de dólares, según el Fondo Monetario Internacional.
«Más baches»
En el terreno macroeconómico, reconocieron que las perspectivas económicas mundiales han empeorado, en vista de la «debilidad» en el mercado inmobiliario residencial de Estados Unidos, la tensión en los mercados financieros mundiales, el impacto internacional de los altos precios del petróleo y las materias primas y las presiones inflacionarias.
El secretario del Tesoro de EE UU, Henry Paulson, afirmó que la economía del país podría afrontar todavía «más baches en el camino» e hizo hincapié en que la prioridad ahora es limitar el impacto económico de las turbulencias en los mercados. Paulson insistió en que el principal objetivo del G-7 es ayudar a las economías y no a los bancos o banqueros.
El secretario del Tesoro evitó referirse a la continuada depreciación del dólar frente al euro, pero insistió en que el Gobierno de su país sigue comprometido con una divisa fuerte. «Tengo la máxima confianza en la resistencia y fortaleza de nuestra economía y nuestros mercados de capital», dijo.





