Al margen de algunos problemas informáticos que impiden a los agentes consultar cuántos han llegado ya a la central en lo que va de año, saben que, por ejemplo, en 2001 contabilizaron 2.126. Un año más tarde pasaron por allí 2.163. Y, para sorpresa de todos, en 2003 la cifra se redujo: se registraron 1.959 objetos.
Cuando todo sale bien, los interesados pueden recoger sus pertenencias en horario de mañana, de 8 a 15 horas. Aunque, si lo desean, pueden acudir también por la tarde para localizar lo perdido a través del cristal.
En un 90% de los casos, que la Policía pueda devolver lo extraviado depende de la colaboración ciudadana. Muchos, para ahorrarse el viaje a comisaría, meten en el buzón más cercano lo que se han topado durante su paseo y se olvidan del asunto. Esta práctica, claro, retrasa el proceso. Y aunque no es la recomendable, por lo general, los objetos acaban en las oficinas de Correos y, finalmente, en las dependencias de la Policía Local.
A este servicio público se añaden otros que realizan su misma función. Sin quererlo, las dos cooperativas de taxis que hay en la ciudad se han convertido en una pequeña central. Muchos de sus clientes se dejan algo en los asientos de atrás y, horas más tarde o incluso días, llaman asustados a sus operadoras para recuperar lo desaparecido. Todos tratan de arrimar el hombro para que, al final, el objeto sea recuperado.





