«Es la iniciación o la profanación; es Lucifer o San Gabriel; María o Lilith; la luz o la sombra...».
Sibila concluyó así la demostración de su sapiencia mágica:
«Todos los misterios de la magia, todos los sentidos de la gnosis, todas las figuras del ocultismo, todas las claves cabalísticas de la profecía se resumen en la estrella pentagonal, considerada por el maestro Paracelso como el más poderoso de todos los símbolos».
Mientras Sibila recibía los plácemes de la concurrencia, el erudito búlgaro-astur Orutra Saira fue presa fácil de las garras de la envidia cochina, sobre todo porque su reconocida erudición se transforma en ignorancia al pisar el terreno de las ciencias ocultas. Así que fraguó un plan maquiavélico en su cerebro de ratón de biblioteca: propuso a la bruja un juego consistente en hacerse mutuamente preguntas de cultura general asturiana. Aceptó. Y como al erudito se le sopone un mayor conocimiento del tema, ambos convinieron en que él abonara 50 euros por pregunta fallada, y ella sólo 10. En el sorteo del turno de salida, le tocó a Orutra formular la primera cuestión:
-¿Qué rey asturiano tuvo la infausta idea de trasladar la capital a Oviedo?
Sibila negó con la cabeza, le pasó a Orutra 10 euros, e inició su turno de preguntas:
-¿Qué animal mitológico sube al Picu Pienzu con tres patas y baja con cuatro?
Tras meditar un rato, el preguntado se deshizo de un billete de 50 euros. Mientras ella se lo guardaba sonriente, él se interesó:
-¿Qué clase de animal es ese, ho?
La bruja se limitó a pasarle otro billete de 10 mientras se aguantaba la risa. El juego, claro, concluyó en ese momento.





