¿Cómo puede alguien perder su silla de ruedas? Pues es posible. Puede extraviarla, incluso, en más de una ocasión. Pero en la Policía no se sorprenden de nada: «Aquí nos ha llegado de todo», dicen con una sonrisa de soslayo. Como si salir de casa y olvidarse en la calle hasta la ropa interior fuese lo más normal del mundo. Puede pasar. Pero no es lo habitual. Están, quieran o no, curados de espantos.
Ahora mismo, atesoran una muleta. Que, por otra parte, es una de las cosas más raras que se pueden atesorar. Sobre todo porque su dueño, suponen, debería echarla bastante -o mucho- de menos. Por tener, han tenido hasta dentaduras postizas. En plural. Porque les han llegado más de una y de dos. Para demostrar que no se puede perder la cabeza, pero sí parte de ella. Correctores dentales, sillas de bebé, cestas de playa y tablas de surf conviven en este peculiar espacio.
Los hay, por qué negarlo, que también le echan un poco de morro. Y suelen ser miopes. A las vitrinas de objetos perdidos llegan cada año decenas de gafas. Aunque la policía exige a los usuarios del servicio que realicen una exhaustiva descripción de sus supuestas pertenencias o acrediten con pruebas su declaración, las gafas no son fáciles de definir. Así que algunos intentan aplicar en su propio beneficio uno de los dichos del refranero popular: «Lo comido por lo servido». La estantería se convierte en una óptica y la víctima, reconocen los responsables, «comienza a probarse las gafas a ver cuáles le sientan bien». Muchos, es cierto, lo hacen de forma inocente, «para ver si su graduación coincide con la del objeto que creen que les pertenece».
Miles de historias que se renuevan cada dos años, que es cuando los objetos que permanecen confinados en los sótanos de la comisaría dejan de estarlo. Es entonces cuando las personas que los llevaron a la calle de San José tienen la opción, rellenando una ficha, de quedarse con ellos. Lo autoriza el artículo 615 del Código Civil. Pero los buenos samaritanos sólo suelen mostrar interés «cuando se trata de un objeto de valor o extraño». En este aspecto, los relojes son los reyes de la vitrina y los primeros en encontrar un nuevo hogar de adopción.
El resto se destruye en Cogersa. Con el dinero, claro, se hace una excepción. Va a parar a la Depositaría del Ayuntamiento de Gijón. «En una ocasión, nos encontramos una cartera con más de 600 euros dentro y nadie vino a por ella», recuerdan los agentes.
Pero lo de los billeteras y los monederos es punto y aparte. Esta semana, Objetos Perdidos cuenta con unas 65 carteras en su famosa vitrina. Dos de ellas con identificación. Pero difícilmente serán recuperadas. Pertenecen a un italiano y a una californiana. En el armario se notan, y mucho, las celebraciones festivas: «En la Semana Negra, Begoña y el Hípico se nos llena todo». Aunque, tras estas aglomeraciones de turistas, lo normal es que lleguen a las manos de la autoridad completamente vacías.
Una quincena de carnés de identidad, de conducir, varias tarjetas de crédito y hasta la documentación de un Skoda comparten balda con ellas. «Muchas veces, cuando llamamos a sus propietarios prefieren no venir a por ellos, porque ya lo han renovado o anulado». Lo mismo ocurre con las llaves: «La gente se hace otra copia. No espera a que aparezcan para poder entrar en casa», razonan. Por eso son las únicas que no permanecen los dos años de rigor en las dependencias policiales. «Llegan muchísimas, así que tenerlas aquí más tiempo del que están sería contraproducente, porque sus dueños no podrían encontrarlas entre tantas otras».
Comida y maletas
También se libran del plazo los objetos caducos, como la comida, «que solemos llevar al albergue o a los centros sociales». Con las maletas -muchas se quedan en el andén o a la puerta del coche-, los bolsos, las cámaras digitales y otras muchas cosas no ocurre lo mismo. Reposan en su anaquel, pacientemente, a la espera de que su propietario las rescate.
Y alguna vez tardan mucho en hacerlo: «Hace poco tiempo, un señor vino y, tras tomarle la descripción de la cartera que había perdido y buscarla con él entre las demás, nos dijo que la había extraviado en el año 1982», recuerdan los agentes divertidos.





