Salamandra de Oviedo
Galápago
Carbayón
Cigüeña
ESPECIES AMENAZADAS Y AMENAZANTES
La presión urbanística, la contaminación y la llegada de especies invasoras han acabado, o están a punto de hacerlo, con fauna y flora autóctonas de Oviedo o abundantes en otros tiempos, hasta el punto de considerarse como algo propio. Incluso, con un emblema de la ciudad, como el carbayón, que da nombre a la denominación popular de los ovetenses. Hay carbayos, pero no «grandes carbayos», apunta Carlos Lastra, presidente de la Asociación de Amigos de la Naturaleza de Asturias (ANA). Las podas, a su modo de ver, han tenido buena culpa.
En este sentido, otro miembro del colectivo conservacionista y profesor de Biología en el IES Alfonso II, Antonio García Rodríguez, abunda que se han perdido «elementos singulares». «No existe ningún ejemplo de roble, de carbayo muy destacado, como hay en otros concejos». Algunos han pasado a mejor vida en los últimos años, aunque es difícil concretar si fue culpa del hombre o de una plaga. Ocurrió recientemente con un tejo que había en los jardines de Villa Magdalena, y podría pasarle a uno que hay al fondo de Monte Cerrao».
Aliseda y encinas
ANA alerta sobre el incierto futuro de la turbera y de la aliseda pantanosa, este último un tipo de hábitat protegido por la Directiva de Hábitats Europeos, en torno a El Torollu. La laguna surgió casi por casualidad, en el espacio ocupado por una tejera. Para algunos es una charca, para los ecologistas, como Lastra, es «un sitio muy valioso desde el punto de vista natural». Además de las urbanizaciones previstas en su entorno, le preocupa su posible transformación en parque. Los bancos, las farolas y el trasiego de la gente pueden ser su peor amenaza.
La encina es un resto de épocas climáticas más benignas. Ahora el fuego es su peor enemigo, asegura Roberto Hartasánchez, presidente del Fondo para la Protección de Animales Salvajes (FAPAS). El oso, una especie en cuya conservación está volcada especialmente el FAPAS, «asoma de vez en cuando el hocico por Oviedo». Pero tiempo atrás, su presencia tuvo que ser mayor, añade Lastra. También, la de los lobos o los venados. Entonces, el concejo no estaba tan poblado, ni había tantas infraestructuras, ni tanta contaminación. Precisamente, las basuras y los vertidos han acabado con la vida en el río Gafo, ahora «una auténtica cloaca», según Lastra. Desaparecieron las truchas -también muy esquilmadas en el Nora- o el cangrejo de río. Este crustáceo fue introducido en Asturias en el siglo XVIII. La llegada en el XX del llamado cangrejo americano también tuvo mucho que ver con su exterminio, como ocurrió en otros ríos de España.
Como el cangrejo de Luisiana, las plantas invasoras han ido ganando terreno. Lo lamentable es que, en muchos casos, han acabado con las formas de vida autóctonas. Los plumeros (Cortaderia Selloana), llamados de Las Pampas, compiten y desplazan a las especies autóctonas.
Y es para alarmarse, porque se encuentran por toda Asturias, exceptuando las zonas de montaña. Como lo es la suelta de galápagos, esas tortugas pequeñas que cuando los niños se cansan o los padres no saben que hacer con ellas, acaban en algún arroyo o laguna. «No se debe hacer nunca. Se comen las puestas de las ranas y de otros anfibios», explica el presidente de ANA, también profesor de Universidad. La perca negra o perca americana también hizo de las suyas. En unas charcas cercanas a los depósitos del Cristo, acabó con la población de ranas y tritones porque, añade, «come todo lo que pilla».
Tampoco es muy común en el Principado la cigüeña. Mientras en Castilla hay una auténtica plaga de nidos, en Asturias es raro verlas. Pero el FAPAS desarrolló hace unos años un plan en Priañes para recuperarla en el concejo. Hartasánchez recuerda que es un ave con un comportamiento ecléctico, por lo que exigía un trabajo de años. La Administración dejó de apoyar el proyecto, y la cigüeña se fue. Como se fue, corriendo por las vías, la salamandra.





