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GIJÓN
Bodas de plata y ébano
El Hogar San José celebró ayer a su patrono y el 25 aniversario del edificio. «Para ver los frutos de nuestro trabajo hay que esperar años, pero lo de hoy es una gozada», confesó su director
14.04.08 -

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Bodas de plata y ébano
MUESTRA. La sala donde se exponía la historia del centro, hasta los topes. / P. CITOULA
Hubo de todo. Gambas a la gabardina y cus-cus. Tortilla y thiebullene senegalés. Alumnos y ex alumnos. Bodas de plata y hasta un bautizo. El Hogar San José celebró ayer la fiesta del patrono con la que, en esta ocasión, conmemoraron el 25 aniversario del edificio que ahora acoge a 70 menores, 40 de ellos inmigrantes.

Por segundo año consecutivo, los festejos comenzaron con un acto religioso multicultural, en el que el director del centro, el jesuita Constantino Viñuela, leyó fragmentos de la Biblia y el musulmán Bass hizo lo propio con El Corán. Todo, dijeron, «para expresar lo que la gente siente». Y lo que sintieron muchos de ellos fue emoción. Es el caso de Carlos Salvador Hernández, quien recibió el sacramento del bautismo a los 34 años.

Él fue uno de los niños del hogar que asistieron a la creación del nuevo edificio, hace un cuarto de siglo. «Fue un momento difícil. Hubo un par de generaciones que sufrieron el cambio. Vivían en Antromero y estudiaban aquí. Durante un año, Gijón se llenó de botes naranjas para recaudar dinero para las obras», recuerda Viñuela.

Por eso, ayer quisieron «dar las gracias a todo el mundo que participó» con una exposición que plasmaba la historia del centro. En las paredes de una de las salas del centro lucían desde los escritos del diario del Padre Máximo, impulsor de la iniciativa en los años 40, a las fotos de los últimos campamentos, partidos de fútbol y excursiones.

Las portadas de los periódicos asturianos se hacían eco en los años 80 de la subvención de 77 millones de pesetas que el ministerio facilitó para la construcción del nuevo inmueble del Hogar de San José. De eso y de los planos del proyecto. Todo un repaso a sus 65 años de recorrido.

El público no defraudó. «Hay aún más gente que el año pasado. Para ver los frutos de nuestro trabajo aquí hay que esperar años, pero lo de hoy es una gozada. Aunque a veces tengas que echar broncas -es complicado tener a tantos adolescentes conviviendo- ver esto es de lo más gratificante». Viñuela agradecía así a los ex usuarios del centro su visita, porque «aunque dejen el Hogar vienen por aquí a saludar».

Independizados

Eso fue lo que hicieron algunos de los 19 inmigrantes subsaharianos que llegaron el año pasado, procedentes de los centros de acogida canarios. «Ahora sólo quedan trece aquí. Seis de ellos ya han cumplido la mayoría de edad y están trabajando y compartiendo piso», comentó sin disimular su orgullo el jesuita.

Luego llegó el momento de ponerse las botas. Como siempre, los primeros platos en acabarse fueron los de procedencia africana. No es de extrañar, si se tiene en cuenta que muchos de los menores del hogar son de Marruecos, Senegal, Guinea Konakry, Mali y Gambia. Y el resto está deseando conocer la cultura gastronómica de sus compañeros.

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