
La primera, su longevidad. Con 101 años el lagarero había convivido con varias generaciones de vecinos. Muchos de ellos fueron los que ayer ayudaron a llenar la iglesia durante el sepelio. Lo cierto es que no hacía falta una gran ayuda. Más de 200 personas se reunieron allí para apoyar a sus familiares.
La segunda, también la explicó el párroco Rafael Álvarez Rey: «A Paco le gustaba salir y compartir con otros sus experiencias y su vida». Es decir, se había ganado el cariño de quienes le rodeaban.
Y los que le rodearon suman centenares. Porque desde los años 40, Paco era quien les recibía con una sonrisa en el local que nació como 'El Chato', bajo la mano de su suegro, y había pasado después a denominarse llagar Bernueces.
«Una gran familia»
El sacerdote tuvo también palabras de consuelo para su «gran familia»: sus dos hijas, María del Pilar y María Dolores; y sus tres nietos, Susana, Laura y Miguel Ángel Martínez Meana. Éste último se encontraba visiblemente afectado por la muerte de su abuelo, cuya labor continúa ahora al frente del llagar. «Si el grano de trigo no muere, no puede dar fruto. Paco ha dado mucho fruto», concluyó el párroco, haciendo referencia a sus biznietos. Fuera, bajo la lluvia, una sensación agridulce: la que mezcla el recuerdo y la pérdida. «Ojalá todos conservemos la lucidez como él», lloraban sus amigos.





