Pero es que, además, nadie discute la capitalidad de Oviedo, en sí misma una fuente de ingresos para la ciudad. Lo inadmisible es utilizar esa circunstancia como pretexto para succionar recursos que remedien los efectos de una política que lleva al Ayuntamiento ovetense por un despeñadero económico.
La capitalidad no debe ser obstáculo, sin embargo, para desconcentrar la Administración. Y en este sentido hay que contar con Gijón, víctima en los últimos años de postergaciones como la pérdida de peso en el gobierno de la Caja de Ahorros, pese a su condición de ayuntamiento cofundador de la entidad, y la mutilación de la mitad de la competencia territorial de su capitanía marítima.





