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14.04.08 -

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NUEVOS vocablos incorporados a esa obra que parece no tener fin (ni sentido), titulada 'Diccionario del disparate':

Anologia: aplicase a la asamblea de masones homosexuales.

Caimanito: saludo habitual entre cocodrilos mexicanos.

Confirmación: a no pocos profesionales de la cosa política nacionalista les falta un hervor; carencia extensible a una inmensa mayoría de los militantes de base de los partidos de tal ideología, auténticos tontos útiles que se creen a pie juntillas que están hechos de una pasta diferente a la del común de los mortales...

-Oye, ho, que mi menda milita en el RALAMONPI o Ráscame la Montera Picona -interrumpió Xandru´l Ixuxú.

-¿Ves, bobín?

Evidente: vidente que vaticina obviedades. Sin ir más lejos, por estos pagos tenemos al profeta Nostramemus, que hace poco le auguró a este diccionario un gran éxito editorial cuando sea publicado en forma de tomos.

Hechicero: antecesor del político que hechiza con el verbo, aunque justo es reconocer que el hechicero primitivo, de pócimas y conjuros, atravesó por una malísima racha de siglos en los que sufrió persecuciones y torturas para que confesara su condición. Antes de ser conducidos a la hoguera para purgar sus culpas, hubo quienes planteaban a sus torturadores la posibilidad de haber practicado la hechicería sin darse cuenta. Esto último, por cierto, jamás podrían argüirlo los políticos.

Humoroso: en día tan señalado como el de la conmemoración de la Segunda República, se recuerda que para los republicanos asturianos el oso con más sentido del humor fue el que se cargó al rey Favila en el transcurso de una cacería.

(Permítaseme este paréntesis para recordar también a grandes rasgos la teoría de la conspiración del historiador Polibio de las Peñamelleras, para quien al rey mentado le dio matarile un cortesano muy peludo al que el monarca, corto de vista, confundió con un plantígrado).

Sabiduría: respecto a este tipo de ignorancia que caracteriza a los estudiosos, se reproduce este breve fragmento de conversación entre un par de filósofos de la Escuela Peripatética de Caleya:

«-El saber no sabe que sabe- dijo el ecléctico Casacites.

-Ya lo se -apostilló el confucionista playu Ya-Lo-Tse».

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